martes, 9 de julio de 2019

Monumento a don Emilio Castelar, en Sevilla.

Monumento a Castelar, en los Jardines de Cristina, de Sevilla
Monumento a don Emilio Castelar, situado en la esquina de los Jardines de Cristina, con la Puerta de Jerez, en Sevilla.
En 1930, se enriqueció la belleza urbana de Sevilla, con nuevo testimonio de admiración y de arte, quedando expuesto al pueblo un hermoso monumento, levantado a la gloriosa memoria de aquel que fue uno de los más decididos campeones de la democracia española, y el verbo más elocuente de la Raza, don Emilio Castelar y Ripoll.
Inició la feliz idea el meritísimo crítico de Arte Musical de El Liberal sevillano que firmaba sus crónicas con el seudónimo de Fritz; éste la comentó al señor Candau, quien la apadrinó, y ambos entusiasmados, la dieron a conocer al hijo de Sevilla y director de aquella publicación, don José Laguillo. Tan relevante e ilustre personalidad en las letras y en la ciudadanía sevillana, abrió en las populares columnas del diario que dirigía, una suscripción pública, concurriendo a la misma todas las clases sociales de la población, y muy singularmente las más modestas y humildes. Encargó primero el estudio, y después la ejecución del proyecto, al joven e inspirado artista Manuel Echegoyan, e hizo la más intensa propaganda en bien de la realización de la obra, hasta conseguir el logro de la misma.
El monumento es una peregrina obra del ya entonces notable escultor sevillano. Es sobrio de líneas y pleno de sencillez y elegancia en toda su factura. En lo alto se manifiesta el bulto, en bronce, del insigne tribuno, destacando ostensiblemente de la masa total del monumento, que ha sido ejecutado en piedra blanca. Su estilo se inspira en el greco-romano, y está plasmado con una maestría que elevó  muy por lo alto, el crédito de su joven autor.
Las dos figuras, de la Historia y de la Elocuencia, que resaltan de los dos planos laterales, son así mismo de una ejecución irreprochable. Debajo del busto del gran repúblico, está esculpidos su nombre y las fechas de su nacimiento y de su muerte, y en el centro del monumento, esta frase significativa: El genio de la palabra emancipó la esclavitud. Luego rodeaba al monumento un primoroso jardincillo, muy bien entonado con la totalidad de la obra.
Con ella se perpetuó para siempre, sirviendo de continuo, para ejemplo de sacrificio y de amor, hacia los ideales de la Libertad y de la Democracia, la inmortal memoria de Castelar, honrándose con ello Sevilla, que tantos fervores ha sentido siempre, por aquellos ideales. 
El lugar de la erección del monumento también constituyó un acierto rotundo, ya que se encuentra levantado en el pintoresco y apacible vergel de los Jardines de Cristina, en la orilla izquierda del Guadalquivir, y entre la hermosa Torre del Oro y el Palacio de San Telmo, frente a la espaciosa plaza de Nuestra Señora de los Reyes, que hasta los años veinte fue Puerta de Jerez, por una parte, y por otra al edificio del que fue Convento de los Remedios, en la margen del Betis, del lado de Triana, por la otra. Lugar lleno de poesía y de recuerdos, de regalado descanso y de exaltadas inspiraciones.
Bien merece la gratitud de Sevilla, por haber dado realización a la feliz iniciativa, que alentó a esta obra, ese hombre tan abnegado y tan amante de la gentil ciudad de la Giralda, por quien se desvivió y apasionó, que dirigía El Liberal, y a ese otro joven escultor que en ella ha dejado impresa con arte singular, su aspiración de artista maestro.
El monumento a Castelar, en la actualidad:
Si hace clic sobre las imágenes, las puede ver ampliadas.

domingo, 30 de junio de 2019

La Cabeza del Rey don Pedro, y la vieja del candilejo.


Tradiciones y leyendas sevillanas.  (II)
Leyenda de la Cabeza del Rey Don Pedro, y de la vieja del candilejo.
La calle Candilejo que veremos en la siguiente fotografía, de 1902, conservaba casi incólume su típica desigualdad, pues apenas se habían renovados dos de los edificios, que la formaban; era una página muda, pero muy elocuente, de la historia de Sevilla durante el reinado de Don Pedro I de Castilla; aquél que para algunos historiadores fue justo, y para otros, cruel, pero que en ella se encuentra vivo aún, el testimonio de una de las tremendas justicias de aquel rey, dándose un mentís a los que le inculparon, sin más razón para ello, que el odio que contra él alimentaron.
El hecho, como lo cuenta la fantasía popular, fue que en una de esas salidas que de su alcázar hacía el rey, de noche y solo, tropezara, en mala hora para su adversario, a un caballero que cerrándole el paso, arremetió contra él, espada en mano dispuesto a rematarle, pero Don Pedro, que era hombre bravo y decidido, defendiéndose con denuedo, tendiendo a sus pies, sin vida, al que trató de arrebatarle la suya, huyendo seguidamente de aquel lugar furtivamente, temeroso de que acudiera gente que pudiera descubrirle, y saberse que el rey andaba en aventuras por la noche, arriesgando su existencia, en tanto que le creían durmiendo en su palacio.
Pero una vieja que escuchó el zis zas de los aceros, y el ¡Ay! doloroso que lanzó el moribundo al caer, se asomó curiosa a la ventana de su vivienda, provista de un candilejo, alimentado con aceite de oliva, tratando de alumbrar con él, la sangrienta escena.
No pudo satisfacer la vieja sus deseos, más que a medias, pues cuando asomaba el candil por fuera de la reja, el matador huía precipitadamente de espaldas a la casa, y únicamente pudo dar razón, cuando la tomaron noticias, de que al asesino le crujían escandalosamente las canillas.
Cuando haciendo indagaciones, pudo la justicia tener en conocimiento de que al autor de aquél crimen había sido el rey, este, siempre severo, resolvió el conflicto en que aquella se veía, mandándose ahorcar su efigie, poniéndose sobre el muro del edificio, al pie del que tuvo lugar el sangriento suceso, una cabeza que representara la suya, tallada en piedra y con un dogal al cuello, perpetuando así la memoria de la sentencia que contra si mismo dictara.
Vista del nicho donde está colocado el busto del Rey Don Pedro. 1902.
Al hacerse unas obras en la casa referida, despareció de ella la cabeza del rey Don Pedro, colocándose en su lugar el busto que hoy existe, y debajo una inscripción, que fue borrada en el año 1630, y en la que se decía que, "amenazando ruina la pared donde estaba puesta esta cabeza, y siendo necesario el reedificarla, D. Juan de Pereda, como jurado de esta ciudad, dio cuenta de la obra que se había de hacer en el Cabildo, y éste acordó que se hiciese una efigie de piedra, que representase la persona del rey Don Pedro en traje e insignias reales, y que se pusiesen las armas de Castilla y León en un escudo, y a costa de la ciudad, y se colocase en un nicho, en el mismo sitio donde la cabeza estaba, porque esta memoria no se perdiera, y se puso en exención lo que la ciudad mandó, colocando en un nicho el busto del rey de medio cuerpo, como hoy se ve".
 
Casa denominada del Candilejo.
En la casa en que vivió la vieja del candilejo, y que forma esquina a la calle de dicho nombre, y a la cabeza del rey D. Pedro, existía a principios del siglo XX, un establecimiento de bebidas, que se llamaba "Taberna del Candilejo", donde seguro, que acudía más de un turista inglés, con objeto de beberse varias copas de manzanilla, sentado junto a la misma ventana, por donde se asomó la vieja de la historia.
En la actualidad:

Si hace clic sobre las imágenes, las puede ver ampliadas.

Tradiciones y Leyendas sevillanas.

Tradiciones y Leyendas sevillanas.

Solamente tienen que hacer clic, sobre la imagen de la leyenda, que deseen ver: