miércoles, 15 de octubre de 2014

Fotos antiguas de Santafé, Pinos Puente, Gabia La Grande y Atarfe, (Granada)


Santafé, (Granada).
Ciudad de 7350 habitantes, situada al centro de la extensa y rica vega de Granada, en terreno algo pantanoso y a poca distancia de la corriente del río Genil. El terreno es generalmente llano y de regadío en buena parte. Sus principales producciones agrícolas son cereales, aceite, vino y remolacha. Hay fábricas de Alcohol, de aguardientes y de bebidas gaseosas, y la de la "Sociedad General Azucarera de España".
Durante el sitio de la última ciudad que poseyeron los moros en España, en 1491, los Reyes Católicos fundaron la de Santafé, construyéndola en 80 días, con sus murallas y fortificaciones. Es de suponer que la obra debió ser muy endeble, por cuanto en la actual ciudad no se conserva el menor vestigio de la primitiva.
En 1806 un terremoto causó muchas  ruinas en el caserío, que ha sido reconstruido paulatinamente, presentando hoy el aspecto de población moderna.
Vista parcial de Santafé.
Fundaron esta famosa ciudad los Reyes Católicos durante el sitio de Granada.
Puerta de Granada.
Al extremo de una de las principales calles de la ciudad, esta puerta da salida al campo.
Plaza de la Libertad.
En su lado occidental se levanta la iglesia parroquial de la Encarnación.
Calle Ancha.
Una de las principales de la ciudad, a cuyo extremo se divisa el arco llamado de Belén.
Iglesia de la Encarnación.
Fue construida a fines del siglo XVIII, por don Domingo Elois y don Francisco Quintillán.
Interior de la parroquia.
La antigua iglesia colegial, fundada por los soberanos, fue derribada en 1773 por amenazar ruina, y en su lugar fue erigida la actual iglesia de la Encarnación, que consta de tres naves de gusto greco-romano y es notable la capilla mayor, por su hermoso tabernáculo y sillería labrada.
Púlpito de la parroquia.
Los dos púlpitos que flanquean la capilla mayor, constituyen una obra selecta del estilo barroco.
Cruz parroquial.
Hermoso ejemplar plateresco de principios del siglo XVI.

Pinos Puente, (Granada).
La villa de Pinos-Puente más las cortijadas de Alitaje, Ansola, Asquerosa, Casa Nueva, Trasmulas y Zujaira suman un total de 7706 habitantes en el censo de 1910, por lo que esta villa está más habitada que la cabeza del partido y se halla situada a la margen derecha del río Cubillas. sobre el cual hay un puente, cuya vista veremos a continuación. Dista a 13 kilómetros de Granada y 5 de Santafé; tiene estación de ferrocarril y carretera de Granada a Alcalá la Real. Posee varias fábricas de azúcar, y cosecha cereales, legumbres, remolacha y muy buenos melones y sandías.
Plaza de la Iglesia.
Punto céntrico de la población, donde se halla emplazada la parroquia.
Iglesia de San Pascual.
El interior de este templo ofrece como principal curiosidad, la anchura de su triple nave y el atrevimiento de sus arcos.
Vista general de Pinos Puente.
Se halla situada esta importante villa en la falda de la sierra Elvira.
Puente sobre el río Cubillas.
Es de antigua y sólida construcción y consta de tres arcos.
Gabia la Grande, (Granada).
La villa de Gabia- la Grande más la cortijada Hijar suman un total de 3385 habitantes en 1910. Se halla a 8 kilómetros de Granada, cuya estación de ferrocarril es la más cercana y a 8 kilómetros de Santafé.
Conserva las ruinas de un torreón y una atalaya moriscos. Produce remolacha, aceite, cereales y yeso.
Capilla Mayor de la parroquia.
Bonito templo de construcción moderna, en estilo gótico.
La Virgen de la Nieves.
Imagen muy venerada de la Patrona de la población.

Atarfe, (granada).
Con sus 4261 habitantes (1910) Atarfe es la segunda villa más importante de este partido. Dista 11 kilómetros de Granada y a 5 de Santafé; con estación de ferrocarril y carretera de la capital de la provincia a Alcalá la Real. Posee un célebre balneario de aguas ferruginosas denominado "Sierra-Elvira". Cosecha principalmente remolacha, cereales y aceite.
Vista de la población de Atarfe.
Importante lugar, situado en la falda Norte de la Sierra Elvira, que aparece al fondo de esta vista.
Casas Consistoriales.
Ocupa uno de los lados de la plaza mayor del lugar.

viernes, 3 de octubre de 2014

Ley del Descanso dominical.


"Me aburro el domingo"
INTRODUCCIÓN
Como ocurre con los grandes, el blog de Manuel ha ido creciendo y transformándose poco a poco guiado por el deseo de su creador, pero también por voluntad propia, pues ha ido pidiendo más y más alimento para hacerse cada día más rico y variado, más atractivo. Sé bien que Manuel no ha cejado en su empeño de nutrirlo, consagrándole ilusión y horas, con tesón y buen hacer, buscando incansable aquí y allá imágenes e historias interesantes que regalarte, lector, para tu deleite y disfrute. Este blog, que nació con afán de dejar memoria escrita y visual de la Sevilla monumental, ha traspasado las fronteras de la ciudad, e incluso de Andalucía, y ha diversificado los asuntos que trata con, por supuesto, un denominador común: impedir que el pasado habite el triste limbo del olvido. En esta ocasión, Manuel nos trae una serie de epístolas que recibe un periódico a principios del siglo XX, cartas que critican una ley recién aprobada.
Desde la Revolución Industrial, no ha habido logro de los trabajadores, conquista social que no haya supuesto gran controversia, no en balde los que tienen el poder real, el económico, también poseen el de manipulación de masas y, por tanto, de influir en su forma de ver la vida. Uno de los grandes logros de principios del siglo XX fue la ley que el gobierno de don Antonio Maura aprobó para permitir que los obreros descansaran un día a la semana, la Ley del Descanso Dominical. Curiosamente, es una de las escasas ocasiones en que los intereses del Capital y de la Iglesia difieren, pues ésta vio en la ley la posibilidad de atraer a más feligreses los domingos, aquellos que hasta entonces pasaban ese día trabajando.
Un periódico, El Imparcial, lanza una pregunta nada imparcial y en absoluto inocente a pesar de su apariencia, para tratar de menoscabar el poder y el mérito de la recién nacida norma: “¿Qué hace usted el domingo?”; y se publican cartas en su mayoría contrarias a la reforma. Leyéndolas, da la impresión de que ésa sea la ley de la holganza y el desenfreno, la del aburrimiento impuesto por el gobierno. Sin embargo, lo que representa es la culminación de una de las grandes apuestas de la izquierda de aquella época. Ese 11 de septiembre de 1904, día en que entró en vigor la ley que fuera aprobada el 1 de marzo, los trabajadores empezaron a ser un poco más personas y un poco menos esclavos, más cigarras y menos hormigas.
Pero el amo no iba a permitir que se salieran con la suya impunemente y ¿qué mejor que utilizar a los mismos trabajadores para desprestigiar lo que con mucho esfuerzo éstos habían conseguido? Otros logros vendrían después, nuevas metas que parecían inalcanzables: reducción de la jornada laboral, asistencia sanitaria, derecho a huelga, sufragio universal, derecho a las vacaciones, universalización de la educación, seguro de desempleo…, logros todos que han sufrido el mismo calvario del desprestigio y la infamia provenientes de una patronal que ve a los trabajadores como meros medios de producción, más que como a personas. Un siglo después, vemos simpleza e ingenuidad en estas cartas de crítica, pero ¿no nos está pasando a nosotros lo mismo cuando aceptamos que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que por nuestra mala cabeza somos los culpables de los males que actualmente nos acechan? El método siempre ha sido el mismo; se llama corriente de opinión.
Quiero agradecer a Manuel este especial viaje al pasado, que nos permite observar las semillas de lo que somos, en este caso, los primeros pasos en esta lucha social que hoy renace; quiero agradecerle sus generosas y altruistas aportaciones a la difusión de la Historia y me alegro mucho del éxito de su blog, porque es bueno que en este país por fin aprendamos a valorar la excelencia.

Fernando Rivero García

Quiero agradecer con sinceridad, esta magnífica "Introducción" que nos regala el profesor de inglés y buen amigo, Fernando Rivero García; y por su apoyo para conmigo, en este a veces duro trabajo de mantener este blog.
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El Blog de Fernando, que recomiendo lo visitéis, es:
Prometeo Liberado
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Al entrar en vigor el 11 de Septiembre de 1904 la Ley de 1 de Marzo sobre descanso dominical, "El Imparcial" lanzó a sus lectores la siguiente pregunta: ¿Qué hace usted el domingo? hay un sentimiento general de los ciudadanos ante este día de holganza: el aburrimiento. A continuación reseño algunas cartas de los lectores, en general contrarias al nuevo reglamento.
"VIEJAS AFICIONES"
Tendiendo el anzuelo, por Juan Martinez Abades.
Carta nº 1
Verá usted la extorsión que causa en mi domicilio la ley del descanso dominical.
Mi marido es oficial de una panadería, y trabaja por su turno desde la siete de la tarde hasta las nueve de la mañana del día siguiente, claro que en la noche tenía dos horas de descanso para comer y fumar; pero cuando venía a casa era a descansar completamente de sus fatigas, saliendo luego para su trabajo despejado y bien atendido por mi y sus hijos.
No negaré a usted que siendo un oficio tan penoso, mi marido se bebía durante la noche de trabajo una botella de vino, pero fuera de su trabajo siempre estaba con nosotros y el domingo lo pasábamos juntos haciendo algún extraordinario.
Ahora, señor director, como el domingo no trabaja y sale de la panadería a las doce de la noche del sábado, pues se reune con sus amigos desde bien temprano y ya no lo vemos en todo el día, gastándose lo que nos hace falta para vivir. Esto es lo que me ha traído a esta casa, llena de paz y de gloria, la dichosa ley del descanso dominical.
Es su servidora,  N. N.
"HORAS TRANQUILAS"
En el malecón del muelle, por Mariano Felez.
Carta nº 2
Cádiz, 27 Septiembre. ¿Que hace Vd. el domingo? Considerar que debiera haber rotulado el gobierno su descuaje legislativo con el nombre de "Ley de protección a las tabernas".
Eugenio R.P.

Carta nº 3
Valdepeñas, 27. Trabajar: Este Ayuntamiento, por fortuna, aunque maurista, ha hecho caso omiso del descanso dominical.
L. Muñoz.

Carta nº 4
Ilustrarme por medio de la lectura en el campo y recibir aires puros y saludables.
JOSÉ MARTÍN DIEZ. Dependiente de comercio (Salamanca).
Una excursionista, por Juan Francés.
Carta nº 5
¿Que qué hice el domingo? Pagar a mis tres dependientes el jornal, 30 reales próximamente, y mandarlos a descansar; yo me quedé al cuidado de la tienda cerrada para hacer cumplir la ley a los cacos; por este procedimiento pago al año 1.100 pesetas de gastos y no puedo utilizar mi tienda para nada. ¿Qué tal le parece a usted?
CASTOR BADIOLA. (Bodega, Valverde, 6).

Carta nº 6
Admirar la mansedumbre de los españoles ante esta ley despótica y ver como la única iniciativa del gobierno en cuanto a las costumbres es el fomento de la vagancia.
LISARDO AGUILARREAL.
"Pasar el rato"
Teatro de guiñol, por Méndez Bringa.
Carta nº 7
Obligado a holgar, no sé qué hacer de mi tiempo durante el domingo. Si estuvieran abiertas las bibliotecas públicas, iría a entretenerme leyendo, ya que mi pobreza me impide comprar libros. Pero las bibliotecas están cerradas.
Si los organizadores del descanso forzoso hubiesen organizado conferencias públicas, de amenidad y cultura, iría a oírlas. Pero esas conferencias no existen.
Si para la satisfacción espiritual de los ciudadanos se celebrasen conciertos populares gratuitos, sería asiduo concurrente a tales fiestas. Pero no hay conciertos, ni se ha preparado ninguna fiesta semejante.
¿Pasear? lo hago un rato, pero no hemos de estar paseando todo el domingo. ¿Qué hago pues? Voy a una taberna a jugar al mus con varios paisanos. No es el ideal, ni mucho menos; pero el aburrimiento me obliga a ello.
PEDRO SÁNCHEZ. ( Herrero mecánico.)
Jugada difícil, por Medina Vera.
Carta nº 8
Burgos 26, Septiembre. Nos cierran las bibliotecas y nos abren las tabernas. Si no queremos jugar y perder unas pesetas, o hemos de beber unas copas o aburrirnos.
M. REBOLES.

Carta nº 9 
¿Que qué hago yo el domingo? ¡Qué he de hacer!
                                        Admiro a Maura, que logró extraer
                                        de cada socialista un clerical,
                                         y tomo parte activa sin querer
                                         en el aburrimiento universal.
SINESIO DELGADO.
Carta nº 10
Cumplo la ley extensamente e intensamente. Empalmo el sábado con el lunes en brazos de Morfeo.
J. AGUADO.
Misa en el pueblo, por Angel D. Huertas.
Carta nº 11
El último domingo lo he empleado en renegar de la ley dominical (...). Soy médico, (...) y di principio a la visita de enfermos más temprano que de costumbre, pero ni esto me valió, pues aunque apresuré el paso y acorté la estancia en casa de los enfermos, cuando dí término a mi trabajo habían dado las once, y no pude encontrar peluquería ni barbería donde quisieran afeitarme . Al salir de la última y atravesar la calle, un coche que pasaba me llenó de barro, poniendo el calzado imposible de presentarme de tal manera en ningún sitio. Llego a uno y otro establecimiento de limpiabotas y los hallo todos cerrados. Oí misa para cumplir los deberes religiosos y a mi salida del templo entro en un estanco para comprar tabaco y cerillas, en el que me despachan el tabaco y me niegan las cerillas. ¿Es acaso que el despachar tabaco y efectos timbrados no es trabajo y si lo es la venta de cerillas?
(...) Fui a una pastelería (...) y me dicen que dentro del establecimiento puedo comer lo que quiera, hasta hartarme, pero que me está en absoluto prohibido sacar ni uno a la calle (...).
UN MÉDICO.
Publicado en: "El Imparcial" el 1 de Octubre de 1904.
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Siendo presidente del Gobierno Don Antonio Maura, se aprobó la controvertida Ley del Descanso Dominical,  dicha ley, tuvo muchos detractores, como la patronal e incluso los propios trabajadores, que en esa época cobraban por horas trabajadas y no se podían permitir perder un día de sueldo, aún así, la ley se impuso consiguiendo una gran conquista social, que ha llegado hasta nuestros días.
Contó con el beneplácito de la iglesia, porque por fin se guardaba descanso el domingo, como era precepto religioso. Su más fiel defensor, además del Gobierno, fue Don Pablo Iglesias (fundador del Partido Socialista Obrero Español), ya que el partido socialista llevaba años solicitando "descanso de un día por semana, o prohibición legal a los industriales de hacer trabajar a los obreros más de seis días por cada siete."
Decía Pablo Iglesias que "no se puede negar utilidad a la Ley del Descanso Dominical, ni desconocer tampoco que es una conquista de la acción obrera" pero que nacía con defectos y había que corregirlos, por lo que hizo diferentes propuestas entre las que cabe destacar el de "prohibir que el domingo se trabaje para los periódicos diarios", ya que el domingo por ser día de descanso, y por celebrarse las reuniones populares, se compra mayor número de periódicos, y muchos obreros se lo leen a su familia, cosa que no hacen los demás días por faltarles tiempo.
También abordó el tema de las tabernas y los espectáculos taurinos. De las tabernas, entre otras cosas dijo lo siguiente: ¡Cuantas veces no han recordado el número considerable de cortinillas rojas que se ven en las calles de Madrid! sin embargo de eso ¿qué han hecho ni el Ayuntamiento, ni las Cortes, ni los Gobiernos, para evitar que la existencia de tantos establecimientos de esa naturaleza sirviera de lugar de distracción a los obreros, a costa de su bolsillo, de su salud y de su moral?. Ni una sola medida han dictado contra ellos. Al contrario: por ser taberneros gente utilizable en tiempo de elecciones para falsear el sufragio, han estado a partir un piñón con ellos alcaldes y munícipes.
Y de los espectáculos taurino, tomo esta frase: Contra él han escrito muchas plumas notables y han hablado no pocos hombres de los llamados ilustres; ¿pero qué han hecho unos y otros para que se extingan cuantos antes las corridas de toros? ¡Que han propuesto para suprimirlas los que dicen frecuentemente que llevamos tantos siglos de atraso y que es preciso cortar por lo sano para salir del estancamiento en que vivimos?. Nada.
(Los dibujos los he tomados de diferentes revistas "Blanco y Negro" de mi propiedad, y son de la primera década del siglo XX.)