viernes, 20 de septiembre de 2019

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Sevilla.

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Sevilla.
Con este sugestivo nombre se conoce, al de la Catedral hispalense,  un inmenso patio enmarcado por una de las fachadas de la Basílica, la enorme nave del Sagrario rematada por encaje de piedra; las que constituyeron la antigua mezquita con sus vetustas almenas y su gran puerta árabe de arcos con preciosas yeserías y puerta monumental chapada de bronce, y por el claustro de la Granada o del Lagarto, sobre cuya techumbre se sustentas las estancias que atesoran las ricas y nunca bien ponderada Biblioteca Colombina.
El Patio de los Naranjos a la sombra de la Giralda y de la Catedral.
El analista Ortiz de Zúñiga dice que se le denomina del Lagarto, porque en el año 1260 recibió el Rey Don Alfonso X una embajada del Soldan de Egipto para pedir la mano de Doña Berenguela, hija mayor del Monarca castellano, para aquel príncipe, cuyos mensajeros le ofrecieron muy ricos presentes de paños, joyas, drogas y raros animales, uno de los cuales era un enorme cocodrilo, que, una vez muerto, fue disecado y puesto a la puerta del Templo, en memoria de aquella embajada. Consumido por el tiempo lo reemplazaron por otro de madera -que es el que existe actualmente-, para que no se perdiese el recuerdo.
Claustro de la Granada o del Lagarto (A la izquierda, la Capilla de la Virgen de la Granada, y al fondo puerta de entrada a la Catedral
Por su parte, Rodrigo Caro lo explica de este modo: "Corral de los Naranjos por que los hay en él, de muchos siglos atrás, con algunas palmas y cipreses. Tiene trescientos treinta pies de largo, y ciento treinta y cuatro de través; corre por debaxo de él una gran bóbeda, de doze pies de ancho y quinze en alto, y ésta era correspondencia a las bóbedas que la antigua Mezquita tuvo". Ahora solo está plantado de naranjos de relucientes hojas. Cuando florecen en la primavera se visten sus ramas de blanquísimos pomos de azahar, cuyo perfume embriaga como un licor. Luego los frutos parecen de fuego, como si sobre las verdes y pomposas ramas, se hubiese hecho el milagro de un nuevo Pentecostés.
La fuente mauritana y la puerta árabe del Perdón, vista desde el Patio de los Naranjos.
En medio de este peregrino rincón sevillano, que vigila la Giralda día y noche, se luce una anchurosa fuente mauritana, trayendo a nuestra memoria recuerdos del Templo Visigodo y de la Mezquita.
La vieja piedra, con pátina de siglos, está como ungida por la eterna oración que dice el agua, dulce y fresca, fluidora de su corazón, y que en sus tazas copia el azul purísimo de los cielos, con claridades de topacio.
La fuente mauritana y la Puerta de la Concepción.
"Puerta del Perdón", una de las más bellas que se conservan en Sevilla de la arquitectura árabe, vista desde el exterior del patio.
La Puerta del Perdón, vista desde el interior.
Frontera a la puerta árabe del Perdón que sirve de acceso al Patio, por la parte de las Gradas que mentó Cervantes, y en donde hacía su tráfico, en otro tiempo, los mercaderes.
La puerta a la Basílica, designada por el nombre de la Concepción, hermosísima obra gótica que ha poco tiempo fue rematada. De entre todas las de la Catedral, acaso sea ésta la más ornamental y bella. Contemplarla nuestros ojos abismados, y nuestra alma se llena de las más admirativas y profunda emociones, ante su grandeza.
El fino labrado de su piedra, nos induce a creer que sea de encaje, más que tejido por manos de hombres, por invisibles manos de serafines.
El Patio de los Naranjos.
En uno de los pilares del claustro de la Granada, está adosado un tosco púlpito de piedra, que es como una reliquia.
Desde él predicaron las excelencias de la fe en Cristo, varones tan llenos de la gracia de Dios, como San Vicente Ferrer y San Francisco de Borja, y beatos como Fernando de Contreras, Juan de Ávila y Fray Diego José de Cádiz.
Fue labrado a principios del siglo XVI, y desde entonces cada año, en el Domingo de Doctrina, se agrupaban a su alrededor, la gente fervorosa, entre la que se encontraban los niños y los ancianos asilados, para sentir sus corazones conmovidos por la palabra de algún ministro del Señor.
Púlpito de San Vicente Ferrer, del siglo XVI
El tradicional sermón de Doctrina celebrado el Domingo de Pasión, de 1917 desde el púlpito de San Vicente Ferrer, en el patio de los Naranjos. En esta interesante fotografía se ven perfectamente las casas que había adosadas a la muralla Norte del citado patio, y que fueron demolidas en la década de los veinte.
Sermón de la Doctrina desde un púlpito provisional ya que el Patio de los Naranjos se encontraba en obra, a finales de los años veinte. La procesión de la Doctrina se celebraba en el citado Patio, antes de la Semana Santa. En la foto se aprecian los niños y niñas sentados en el suelo a pies del púlpito.
Es entonces el Patio de los Naranjos como un templo florido, que tiene por bóveda la inmensa bóveda del cielo, y por luminares los reflejos esplendorosos del sol que ciegan y confortan.
Y ¿Que podrá decirse de este patio a la luz blanca y misteriosa de la luna?, La ingente torre de la Giralda que desde él escala las azuladas alturas, es así como un gigantesco fantasma, guardián de los más incomparables tesoros; y los naranjos, como trozos de las sombras de la noche deshechos entre las inefables claridades que bajan a esclarecer este lugar, tan propicio para el goce de las más puras y gloriosas emociones.
¡Oh, este bendito y maravilloso Patio de los Naranjos! ¡Oh, esta peregrina arca guardadora de los más ricos tesoros de la poesía y de la inspiración!. Magnífica mansión para reino de místicos y poetas.

El Patio de los Naranjos, en la actualidad:
Si hace clic sobre las imágenes, las puede ver ampliadas.

martes, 10 de septiembre de 2019

Las Cuevas de Guadix (Granada)

Las Cuevas de Guadix (Granada)
No es España, ciertamente, el único país civilizado en que aún existen habitaciones trogloditas; pero si puede asegurarse que las españolas son tal vez las más interesantes entre las conocidas. Guadix es, en ese sentido una de las estaciones de mayor importancia.
Primitivamente, cada una de esas casas, era construida siempre por el que había de habitarla; desde principios del siglo XX, esa ley general tenía ya excepciones, pero continuó cumpliéndose en la mayoría de los casos, que cuando un hombre pensaba en constituir una familia, comenzaba por excavar en la roca hasta construirse un hogar, por lo que para los naturales de aquellas tierras, el problema de la vivienda tenía caracteres muy distintos  de los que le hacen irresoluble, o poco menos, en medios más urbanos y más urbanizados.
El barrio de las Cuevas.
En el barrio de las cuevas, sin embargo, ha existido siempre manifiestas diferencias sociales y económicas, que, como en todas partes, se traducían en los caracteres externos de la vivienda, algunas conservaban aún el aspecto completamente troglodita; no habiendo en ellas nada que no sea naturaleza, y las modificaciones introducidas para el hombre, se limitaron a las excavaciones, más o menos hondas, y que se iban haciendo mayor a medida que la familia crecía, y consiguientemente las necesidades de espacio aumentaban.
Vista del barrio de la Cuevas, de Guadix. 1911.
Solo la entrada rota en la roca como comienzo de la excavación habitada, acusaba al exterior la existencia de habitantes; ni puertas, ni adornos, ni otro detalle de la industria humana que pudiera significar, lo que podríamos llamar el tránsito a otra edad.
La chiquillería, casi siempre muy numerosa, porque aquellos matrimonios solían ser, cumpliendo una ley conocida, muy prolíficos, vivían la mayor parte de su vida fuera del hogar. A la intemperie había de vivir también los animales domésticos, cuando la fortuna de los moradores de las cavernas llegaba hasta poseerlos.
Grupo de chiquillos en una de las cuevas de Guadix.
En los años veinte, del pasado siglo, otras viviendas tenían ya aspecto externo mucho más urbano, poseyendo verdaderas fachadas de ladrillos o de adobes; de ladrillos generalmente enjalbegadas o, por lo menos, con las jambas, los dinteles y un zócalo pintado de blanco.
En esas fachadas había ya obras de carpintería, como puertas y ventanas, que en los casos más favorables llegaban a tener rejas, y esas fachadas cubrían hogares muchos más amplios, con cámaras o habitaciones diversas, generalmente separadas por cortinas de cretonas, de colores muy vivos.
Curioso aspecto que ofrecían las cuevas de Guadix.
La habitación principal de esas viviendas, solía ser siempre la cocina, que ofrecía un aspecto pintoresco, los muebles en ella, que como en el resto de la casa estaban reducidos al menor número posible, pero eso no impedía, al contrario, quizás contribuía a que el conjunto resultara muy pintoresco.
La cocina de una cueva perteneciente a labradores acomodados.
Esta fotografía muestra una típica cocina, en una buena vivienda, excavada en la falda de Sierra Nevada. En ella, una excavación pequeña, secundaria, que hace papel de aparador, y en el suelo de ella, la loza muy característica y de brillante policromía, que generalmente daba una nota muy abigarrada, de color. 
Solo las jarras, uno de los lujos de las cuevas de Guadix, y los cántaros, tan indispensables para aquella vida, tenían un derecho preferente, y estaban colocados en repisas o pies de madera. Los demás cacharros: jarros, botellas, batería de cocina colgaban de los muros tachonados de clavos mediante cordelillos, que permiten una distribución muy caprichosa, a veces, y reveladora, casi siempre, del gusto artístico de los moradores de la caverna.
Cuando las repisas aparecen multiplicadas y hay, como aparato especial una vasera, la vivienda podía considerarse como muy lujosa.
El número de cacharros, heteroclitos y dispares muchas veces, como correspondiendo a estratos distintos, valga la frase, de la vida de los moradores, es también, naturalmente, otro signo de riqueza. Son esas viviendas de familias más acomodada, las que suelen tenerlas en el exterior, apoyados en la fachada, y aún en la misma roca muchas veces, cercados de tosca mampostería, que sirven de refugio a los animales domésticos. Claro está que en el interior de las caverna no eran posible ni patios ni corrales, que por lo demás, muchos de los habitantes de aquellas viviendas no necesitan absolutamente.
Casa de labradores acomodados en la cercanía de Guadix, labradas en la roca.
Las cuevas del tipo primitivo, más elemental y propiamente trogloditas, solían estar aisladas y aún distantes entre sí; las más ricas, más urbanas, se agrupan formando como aldechuelas de aspecto muy extraño y, sobre todo, muy característicos. Pueblos cuya apariencia externa engaña.
Aquellas "casas" desarrolladas en profundidad en las entrañas de la montaña, son extraordinariamente más amplias de lo que podía hacer pensar, lo que de ellas es visible fuera de las peñas.
Son características, sin embargo, y acusan al exterior, más que ningún otro detalle, la existencia y aún la magnitud de las habitaciones, las chimeneas o humeros, que constituyen, además de las indispensables salidas de humos, un indispensable elemento de ventilación.
La vida pintoresca,como su hábitat, de los habitantes de estas casas cuevas, ha sido ya fecunda en temas literarios, en que se hace bien ostensible la recia energía de las pasiones que nacen y se desarrollan bajo la mole ingente de las montañas granadinas.

Si deseas ver otros pueblos de la provincia de Granada, por favor haga clic: AQUÍ.