lunes, 10 de noviembre de 2014

Fotos antiguas de Antequera, (Málaga)


Antequera, (Málaga)
Hermosa ciudad de 32366 habitantes según el censo oficial de 1910. Está situada en una vega, al pie del cerro de San Cristobal, en las vertientes septentrionales de la sierra de Abdalajís, a 57 kilómetros de Málaga. Tiene estación de ferrocarril en la línea Bobadilla a Granada, a medio kilómetro.
Las tierras son de inmejorable calidad , en la parte baja, cosechándose principalmente aceite, cereales, frutas, legumbres y hortalizas. Se cría ganado caballar, mular, asnal, vacuno, lanar, cabrío y de cerda. Celebra ferias el 20 de Agosto y el 31 de Mayo.
Esta ciudad es bastante industriosa y tiene numerosas fábricas de bayetas, de mantas, de lana, de hilados y de tejidos de hilo y de lana, de jabón, de cola, de chocolate, de pastas para sopas, de azúcar, de gaseosa, de aceite de orujo, etc.
Los romanos llamaron a esta ciudad Antikaria, de lo que se deduce que entonces era remota su antigüedad, y de este nombre procede el actual. Durante la dominación agarena fue formidable fortaleza. La sitió, sin lograr apoderarse de ella, Don Pedro de Castilla, en 1361. En 1410, después de largos asedios, la tomó don Fernando, hermano de Enrique III, que después fue rey de Aragón, con el nombre de Fernando de Antequera.
En 1441 se le concedió el título de ciudad, por haber sido atacada, en 1424, por un ejército moro, que fue vencido en el sitio conocido por el Chaparral, en una salida impetuosa de los antequeranos, y por otros hechos de armas posteriores.
Ostenta los títulos de muy noble y muy leal, y su escudo tiene escrito por lema: "Antequera por su amor"
Vista parcial de la ciudad.
Se halla esta hermosa población tendida en una vega que se forma entre las derivaciones de la sierra Abdalajís. Se divisa al fondo la peña de los Enamorados.
Vista parcial.
Entre el blanco caserío de la extensa ciudad se elevan las airosas torres de sus templos.
Plaza de la Fuente.
Sitio muy característico de este lugar pintoresco, situado al pie de la sierra de la Camorra.
Calle del Infante Don Fernando.
Vía muy céntrica, en la que se hallan instalados los comercios más importantes de la ciudad.
Alameda del Dean Muñoz Reyna.
Hermoso paseo arbolado, muy concurrido en las tardes veraniegas.
Convento de Capuchinos.
Edificio de modesto exterior, frente al cual se levanta una bella columna monumental.
Altar mayor de San Pedro.
Templete y retablo de la iglesia parroquial de San Pedro, inaugurada en 1522 y restaurada y ampliada en diversas épocas posteriores.
También encierran obras muy apreciables las iglesias de San Miguel, de Santiago, de San Juan Bautista y otras varias pertenecientes a conventos o instituciones de beneficencia.
Caseta del Guarda.
Delicioso rincón del paseo-jardín de Alfonso XIII, que es uno de los principales encantos de la ciudad.
El Castillo.
En lo más alto de la ciudad se yergue el viejo castillo, cuya obra primitiva se atribuye a los romanos. Restaurado y hecho inexpugnable en tiempo de los moros, donde se han hallado gran número de armas, escudos, cascos y corazas de esta última época. En uno de los torreones cuadrados de esta fortaleza, edificaron los cristianos, en el siglo XVI, la torre del reloj, llamado de Papabellotas, que todavía subsiste.
Altar mayor de Santa María.
Suntuoso retablo de la antigua iglesia parroquial de Santa María la Mayor, que fue erigida en Colegiata durante el reinado de los Reyes Católicos. Magnífico templo de gran valor artístico, cuya fachada quedó concluida en 1550.
Púlpito de Santa María.
Bellísima obra de talla, en estilo barroco.
Interior de la iglesia parroquial.
En 1692 el cabildo de la colegial de Santa María se trasladó a la iglesia de San Sebastián, magnífico templo de muy antigua fundación, pero restaurado y ampliado en épocas relativamente modernas, pues en 1690 fue pasto de un incendio que casi lo destruyó totalmente.
Fachada de San Sebastián.
Bellísima portada de gusto plateresco, construida a principios del siglo XVI. Sobre la misma hay, en tres nichos, las estatuas de San Pedro, San Sebastián y San Pablo, y sobre ellas las armas del Emperador. Tiene una bella torre, cuya construcción comenzó en 1703, bajo la dirección de don Francisco Andrés Burgueño.
Altar de San Sebastián.
En la parroquia de este nombre se admira el altar que reproducimos, ejemplar notable del estilo churrigueresco.
Interior de la Parroquia de San Sebastián.
Nave central, de las tres que componen este magnífico templo, el mayor de Antequera.
Urna Cineraria.
Sepulcro, de gran mérito arqueológico, donde descansan los restos del Alcaide don Rodrigo de Narvaez, muerto en 30 de Noviembre de 1424.

Para honrar la memoria del heroico Capitán de Infantería don 
Vicente Moreno, natural de Antequera, se han celebrado las siguiente fiestas:
La reina de la fiesta de los Juegos Florales, Srta. Ana María Moreno Fernandez, y su corte de amor, de izquierda a derecha: señoritas Victoria Muñoz Checa, María Jesús Garcia Verdoy, Josefa García Casans, Fanni León Motta, Consuelo Ovelar de Arco, Luisa Cuadra Blázquez, Carmen Jimenez Palma y los niños Fernando Moreno y Ramón Checa. Blanco y Negro 4 de Septiembre de 1910. Foto: Caballero.
Colocación de la primera piedra del monumento al héroe y mártir de la Independencia.
 Calle Infante Don Fernando y Convento de San Agustín. 1924.
Antequera. Postal años 50.- Sierra del Torcal.

Fotos antiguas, de la provincia de Málaga.


Pueblos de la Provincia de Málaga.
Queridos amigos, voy a intentar publicar nuevas entradas, con casi la totalidad de los 772 pueblos de Andalucía, y,  que como comprenderéis, es una tarea que me va a llevar bastante tiempo, por lo que os pido un poco de paciencia.

Aquí tenéis el primero de Málaga, y solamente haciendo clic sobre el nombre del pueblo, os lleva a la entrada correspondiente:

ANTEQUERA.

miércoles, 29 de octubre de 2014

DESCANSEN EN PAZ. (R. I. P.)

ADVERTENCIA
Esta entrada contiene imágenes que pueden herir su sensibilidad. 
- - * - -
Dales, Señor, el descanso eterno.
Y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
*
Quiero agradecer sinceramente, la colaboración de un amigo, gran fotógrafo y mejor persona, que se llama David Hornero; a quien le pedí, algunas fotos suyas para esta entrada-exposición; y desde el primer momento, todo, fueron facilidades; así, que gracias a su gentileza y generosidad, hoy, vamos a poder disfrutar todos, de una pequeña muestra, de sus magníficos reportajes.
David, nos regala siempre en su blog, imágenes que se nos antojan imposibles, y de una calidad impresionante; él con su cámara es capaz de convertir, lo más sencillo y natural, en puro arte.
No duden en visitar su blog: "La Vida Posar"; un autentico deleite para la vista.
Foto de: David Hornero
En el año 1649, Sevilla fue azotada por la mayor epidemia, que se ha conocido en nuestra ciudad; ésta, fue la "peste africana" que unido a la hambruna de la época, diezmaron la población de la ciudad, a su mitad. Tal fue el número de muertos que se acumulaban en las plazas de Sevilla, para su enterramiento, que hubo que habilitar pequeños cementerios por diferentes barrios de la ciudad, como el de Osario, la Macarena, el Baratillo, Puerta Real y Prado de San Sebastián, con el fin de poder sepultar los cadáveres, rápidamente.
Como en toda la Cristiandad, en la ciudad de Sevilla no hubo cementerio-como hoy lo conocemos- hasta el siglo XVIII; los muertos eran enterrados en el interior de las iglesias; la gente anónima en el suelo y los personajes ilustres empotrados en los muros, como testimonian las numerosas lápidas sepulcrales que hay en los templos sevillanos.
A principios del Ochocientos se crearon en Sevilla los primeros Camposantos: el de los Pobres, situado en Eritaña; el de los Canónigos o Eclesiásticos, junto al anterior; el de San José, en las afueras del barrio de Triana, e incluso los ingleses protestantes contaban con un cementerio en el ex-convento de San Jerónimo.
Pero el más importante de todos, fue el conocido como el Cementerio de la Ciudad que estaba situado en el Prado de San Sebastián, y que quedó en desuso en el siglo XIX, debido a las consiguientes inundaciones invernales.
Por lo que el Ayuntamiento de Sevilla en el año 1831, tomó la decisión de comprar unos terrenos a extramuros, y adquirió la llamada Huerta de la Fontanilla, que pertenecía al hospital de San Lázaro, y en donde el 5 de Diciembre de 1852 se inauguró el actual cementerio de San Fernando.
Vista de Sevilla desde el Prado de San Sebastián, (Richard Ford, 1832)
De izquierda a derecha: Torre del Oro, Fábrica de Tabacos, Puerta Nueva, Catedral con los jardines, edificaciones del Alcázar y el Cementerio de San Sebastián. En primer término un entierro que presiden dos sacerdotes.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero
Balbino Marrón y Ranero
Proyecto para su sepulcro familiar en el cementerio de San Fernando.
Dibujo de don Balbino, en papel, Sevilla, 1853.
EL CREADOR DEL CEMENTERIO DE SAN FERNANDO.
En 1845 Balbino Marrón y Ranero fue nombrado arquitecto municipal de Sevilla. Venía de Jerez de la Frontera, donde había ejercido el mismo cargo. Nacido en 1812 en Villaro (Vizcaya), dejaría en Sevilla su impronta profesional. Una de sus intervenciones más conocidas fue llevar a cabo el Cementerio de San Fernando. El día 10 de Junio de 1851 llegó a la Alcaldía su borrador de proyecto y presupuesto. Manifestándose como un detractor del sistema de nichos los cuales etiquetó de perjudicial y repugnante sistema a la par que preconizaba sepulturas de familia, mausoleos, panteones, etc. El proyecto de su propia sepultura familiar dibujado por él mismo  que aquí publico, es toda una pieza histórica de su intento por dignificar y humanizar los enterramientos. La historia le jugará la mala pasada de no haber sido así para él mismo. En un viaje a su tierra vasca, en 1867, le sorprendió la muerte y, pese a ser un verano riguroso, trajeron el féretro con la lentitud del ferrocarril desde Bilbao a Sevilla. El cadáver fue depositado en una vulgar tumba, donde aún reposa, lejos, infinitamente lejos, de la sepultura idílica que había soñado para él, en el Cementerio de San Fernando.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Escuela de sepultureros
Desde la inauguración del Cementerio de San Fernando, en 1852, el cuerpo de sepultureros siempre ha tenido miembros procedentes del pueblo de La Algaba. En opinión de José Apresa en el último tercio del XIX a partir de la influencia de un sacerdote local, el cura Herrera que, ligado de alguna forma al cementerio hispalense, fue tirando y colocando a diversos paisanos en el oficio de enterrador. El hecho es que los algabeños forman ya parte de la historia necrológica de esta ciudad. El oficio se ha transmitido de padres a hijos como si se tratase de una escuela de sepultureros, y en ellos se hace patente la artesanía aplicada con que hacen su trabajo; manejando las sogas que bajan los féretros, la liviandad impulsada, con cierta elasticidad, sin brusquedad alguna, son algunas de las característica comunes a todos ellos.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Patios para velatorios.
El negocio de los muertos no se estructurará modernamente hasta la segunda mitad del siglo XIX. Antes hubo "tratantes fúnebres" cuyo lugar de contacto fue el Patio de los Naranjos. Lo que se concertaba era el ataúd y el desplazamiento. Rara vez se ofertaban otros servicios. Una variante de interés, era el alquiler de "patios y casas para velar" . El tratante ofrecía a la clientela distintas mansiones, con diferentes categorías y precios, encargándose del traslado del cadáver. Ciertamente eran una especie de tanatorios actuales, en plan de pueblo. Algunas casas de las que alquilaban, se han localizado aún en el barrio de Santa Cruz, aunque el catálogo era amplio. En cualquier caso, siempre se exigía que tuvieran un buen patio, para comodidad del velatorio.
Foto de: David Hornero

Retratos fúnebres
El recuerdo eterno de un ser querido.
Cuando nace la fotografía, nacen con ella una serie de aplicaciones sociales basadas en su poder ontológico, en la seguridad absoluta de existencia que transmite a cualquier espectador. Desde los primeros años del invento se intenta aplicar a los fallecidos. En la ciudad sobre 1850 comienzan los primeros escarceos de los que se llamarán fotógrafos de muertos.
En la ciudad los tratantes ofrecían, como servicio extra y moderno, la realización de una fotografía al muerto. Había en Sevilla un fotógrafo llamado Luis León Massón, siempre ayudado en este menester por su esposa, que firmaba como la señora de Luis. Con gabinete en la calle de las Escobas (hoy Alvarez Quintero) que recibía numerosos encargos de retratos fúnebres. Fue un pionero en este tipo de trabajo, verdadero artista de la recomposición vital del cadáver. Mientras éste gusta de añadir glicerina a los ojos para dar brillo a la mirada, cuidando con frecuencia que los ojos estén abiertos.
En la práctica, la preparación del cadáver para ser retratado era todo un poema. Debido a la escasa luz, en la mayoría de las ocasiones se subía el cadáver a la azotea. El retratista portaba un maletín de maquillaje para infundir un soplo de vida a lo que era imposible. Entre los cosméticos, empleaba carmín para las mejillas, una crema neutra en color para tapar ojeras, unas gotitas de glicerina para brillar la pupila, etc. Sin embargo nunca terminó de gustar en Sevilla la variante del retrato luctuoso con los ojos abiertos, por lo que, en una evolución posterior, se suprimirá el uso del glicerol y se realizan los retratos con los ojos cerrados.
Retrato de la niña muerta, Paquita Muñoz Aguilera.
Foto: Luis León Massón, 1870 (albúmina)
Por lo equivalente a diez euros de hoy podía guardarse un recuerdo eterno de un ser querido que el paso del tiempo ha ido acumulando en auténtica memoria de latas de membrillo y cajones de rancio armario. La pequeña Paquita Muñoz Aguilera, fotografiada en su muerte, está integrada en la tramoya de un cortinaje donde se adivinan las manos que la sostienen.
Retrato del sacerdote sevillano Manuel Martín Labandera, muerto.
Foto: A. Barcia, 1871 (albúmina)
Este retrato lo realizó el fotógrafo madrileño durante su estancia en Sevilla, donde vino  para hacer un reportaje en el Palacio de San Telmo, por lo que se sospecha que el Padre Martín Labandera tuvo alguna relación con los duques de Montpensier. Como era costumbre, el cadáver está acicalado y sentado en el interior del palacio. Barcia nos muestra al sacerdote con los ojos cerrados, notándose el rictus y la rigidez postmorten.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Funerarias
El concepto moderno de Funeraria despegará sobre 1860-1862, recibiendo fuerte impulso a partir de la revolución septembrina para penetrar en un periodo floreciente desde la Primera República en 1873 y de la Restauración de 1874. Surgen servicio fúnebres bajo los nombres más pintorescos como: La Soledad, La Aurora, El Gozo, El Cielo de Sevilla, La Paz, La alegría Eterna, etc.  Como expresión de su pujanza, aparecen con publicidad en la prensa del momento. No tienen desperdicio las expresiones literales de algunas de ellas. Como muestra, valga esta aparecida en el diario El Porvenir de 16 de Enero de 1877: 
La Soledad. Situada en la calle Colón nº 41 Este establecimiento, además de tener un magnífico surtido de ataúdes de todas clases a precios muy arreglados, también se esmera en facilitar todo cuanto sea necesario después de un fallecimiento.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Carrozas fúnebres
Foto: Anónimo (Gelatinohaluro) 1897.
Carro fúnebre de la Beneficencia Municipal.
El Ayuntamiento tenía instalados los servicios fúnebres gratuitos solo al alcance de indigentes, pobres de la Beneficencia Municipal y pobres de solemnidad, también era muy utilizada para muchos fallecidos en el Hospital de las Cinco Llagas y que no eran reclamado por ningún familiar.
Foto: Luna Fernández, 1949- Carroza fúnebre,
de la funeraria "La Nueva"
Esta lámina, es de un catálogo de coches de muertos, que hizo Fernando Luna para la Funeraria " La Nueva ". La imagen que vemos, corresponde a una carroza de las conocidas, en la jerga funeraria, como "Urna Negra".
Queridos amigos:
Gracias, y a disfrutar de la vida, que son dos días.