miércoles, 20 de marzo de 2019

Cae un rayo en la Giralda de Sevilla.

Cae un rayo en la Giralda.
Sevilla, 25 de Abril de 1884.
Nota del editor:
Por diferentes motivos personales, me tengo que ausentar del blog durante un mes o quizás un poco más; a pesar de ello, como tengo algunas entradas preparadas intentaré publicarlas, si me es posible, en sus días correspondientes. Y tan pronto esté de vuelta, os prometo que agradeceré todos vuestros comentarios, y volveré de nuevo a visitaros, y a disfrutar de vuestros interesantes y hermosos trabajos.
Muchas gracias a tod@s, y disculparme, pero la salud de mi madre está pasando por un momento muy delicado, y voy a  estar a su lado; y por otro  asuntos también, de fuerza mayor, que no tengo  más remedio que atender.
Grabado de la fotografía directa obtenida por el presbítero D. Juan Navaja, que nos muestra la cara Sur, deteriorada por la descarga eléctrica. Publicado por la Ilustración Española.
Para apreciar los desperfectos causados por la chispa eléctrica, era necesario visitar la torre por el interior, y seguir paso a paso el camino que aquella había marcado en los muros de la robusta fábrica: las primeras huellas se observaban en la fachada meridional, en el alto cuerpo de las campanas, a pocos centímetros debajo de la esfera del reloj, donde estaba el muro abierto con grandes grietas que llagaban hasta el pavimento, y tan violenta fue la sacudida, que los escombros saltaron hasta los bordes de la campana Santa María; la del reloj quedó rajada, y el horario se adelanto en tres horas y media y diez segundo, por efecto de los movimientos vertiginosos de la máquina.
Sobre el exterior de la torre, he copiado de forma resumida, lo que publicó el diario "El Español", de Sevilla, que decía lo siguiente:
-Rampa 33. Deterioro de los muros del tragaluz y marcos de ventana violentamente despegados.
-Rampa 29. Balcón arrastrado, saltando en pedazos la balaustrada; dos columnas destruidas, y bóveda con grandes grietas.
-Rampa 25. Idénticos desperfectos que el balcón anterior: balaustradas convertidas en pequeños fragmentos, columnas destruidas, y bóveda con grandes hendiduras.
-Rampas de la 22 a la 21. El balcón situado en la segunda ostenta las mismas señales de destrucción que los anteriores; balaustradas hechas polvo; los fuste de las columnas derribados, quedando solo los capiteles y la columna central.
-Rampa 17. No ostenta en su parte exterior los daños de los anteriores pero, en el interior ha roto el dintel de piedra, en varios pedazos, y el muro aparece quebrantado, como los anteriores.
-Rampas de la 5 al 13. Los daños acusan menor gravedad por el exterior, notándose en solo uno de ellos que la verja de hierro ha sido arrancada de cuajo.
La chispa eléctrica debió de perderse en el pavimento de la puerta de la Catedral llamada de Los Palos, cuyo recinto ofrecía el aspecto más siniestro: miembros arquitectónicos mutilados, montones de escombro, fragmentos de aristas, ladrillos de colosal tamaño y otros vestigios por allí esparcidos, denotaban la realidad del estrago y la importancia desconsoladora que tuvo.
En el momento de acaecer la desgracia, que tanto daño produjo en la gallarda torre, el Sr. Dean, como presidente de la Junta de Obra de restauración de la Basílica, reunió a los señores capitulares, y todos unánimes acordaron dirigir un telegrama al Sr. Ministro de Fomento, suplicando autorización para reconocer los daños causados, y fondos para los primeros gastos que se ocasionen; el Sr. Ministro contestó autorizando en la forma pedida, y en su virtud, la Junta sometió el reconocimiento al arquitecto-director D. Adolfo Fernández Casanova, quien con  fecha 3 de Mayo de 1884, remitió al Ministerio de Fomento el informe detallado de los desperfectos que había sufrido la Giralda.
Parte del lado Sur, ya restaurado.
En Abril de 1887, el primer cuerpo de la Giralda, perteneciente al arte mauritano se había ya reconstruido toda la parte del frente Sur, que había sido herida por el rayo, y estaba próximo a terminarse la restauración de las fachadas Norte y Este, que presentaban desperfectos de mucha importancia.
Para restaurar las lacerías y ajaracas de ladrillos, destruidas o deterioradas en las diversas fachadas, se hizo un estudio comparativo de la ornamentación almohade que exorna la Giralda, a fin de depurar con toda seguridad cuales son los correspondientes a la primitiva fábrica, pues como es natural, el monumento había sufrido en el transcurso de los siglos multitud de reparaciones, hechas, las más, inconscientemente.
Todos los cuerpos superiores, incluso el de las campanas, que pertenecen al periodo del renacimiento, fueron también restaurados.
Al colocar las campanas sobre nuevos pescante férreos, íntimamente unidos al pararrayos, se descubrió parte de un bellísimo arco correspondiente al segundo cuerpo del minarete sarraceno, que también se proyectaba restaurar.
La distribución interior de los cuerpos de Azucenas y del Reloj ofrecían la más lamentable confusión y falta de luces en su organismo.
Fue, pues, indispensable reformar su disposición a fin de asignarles el decoro que requerían en armonía con el resto de tan importante monumento nacional. A este fin, se dividió esta parte de la torre en dos departamentos: el uno, destinado a la máquina y a local de las pesas, y el otro, a dar acceso a la parte superior, para lo cual se colocó una escalera de ojo, hecha de mármol de Italia, y pasamanos de bronce y hierro, en vez de la indecorosa e incomoda escalera de caracol que antes existía".

La Giralda de Sevilla.

La Giralda de Sevilla.
Solamente tienes que hacer clic sobre la imagen, del tema deseado:

domingo, 10 de marzo de 2019

Fotos antiguas de San Juan de los Terreros. Pulpí (Almería)

San Juan de los Terreros.
(Allá por los años veinte, del pasado siglo.)
Conforme se aproximaba uno a la provincia de Almería, la Naturaleza iba desnudándose cada vez más, tomando un aspecto casi primitivo. Se alzaban de la misma orilla del mar las suaves lomas, que se agigantan tierra adentro; entre las redondeces de blanda arena de las dunas, el agua penetraba, dormida, en las calas pintorescas, inmóvil y plateada, como si fuera de mercurio. Se pasaban kilómetros y kilómetros sin que se viera una vivienda, y cuando ésta surgía, rojiza, pobre, solitaria, con un tambanillo de bojalaga o de baladre, daba la impresión de estar deshabitada, acaso, en su proximidad se elevaba una palmera, más graciosa y esbelta en la soledad del entorno.
En otra, se veían crecer junto a las paredes de adobe, unos dompredos desmedrados y, rodeando la placeta, agudos cimborones grises con su vara recta sin flor; y más allá, eran palares los que abrigaban las casitas, y en todas partes albardín y esparto.
Un aspecto del poblado de Terreros, última playa de Andalucía, antes de entrar en la provincia de Murcia.
Al bajar por el Levante, quedaban atrás Matalentisco, Calablanca, Calarreona y ya estábamos en la provincia de Almería, donde el cabo de Gata se entra en el mar como un largo cuchillo. Un islote parece una enorme ballena en la lejanía, en frente, en una vuelta del camino, aparecían, junto al mar, unos montes agujereados; era San Juan de los Terreros, pedanía costera de Pulpí, y el  antiguo poblado troglodita de pescadores.
Los hombre hicieron aquí, en este suelo fácil de minar, sus viviendas subterráneas. Pasaban en ellas el invierno dedicados a sus faenas de pesca, y cuando se aproximaba el verano, preparaban sus cuevas para recibir a otros habitantes menos rudos: los bañistas de los pueblos vecinos, y entonces Terrero presentaban una fisonomía de lo más pintoresco. El hombre de la ciudad había tomado posesión de la caverna, y el troglodita se iba a vivir al aire libre durante tres meses, bajo los tinglados de estera que levantaba a la orilla del mar, ya que necesitaba del alquiler de sus cuevas para vivir en invierno, con la ayuda de sus pesquerías. Podría decirse que todo ese tinglado de esteras, palos y cañas, era la vivienda provisional de una tribu trashumante; y sin embargo, nada más sedentario que esta gente, que no sabrían vivir en otra parte y de otra manera.
Niños bañándose en la orilla.
Pero lo más curioso es que algunas de estas cuevas eran de propiedad de familias ricas, eran de lo más cómodo y confortable en su interior, y solamente se abrían durante el veraneo.
Es un paisaje agreste y bello el de estas playas solitarias, con grandes cantiles de caprichosas crestas volcánicas; a lo lejos, un monte aislado presentaba la forma de una verdadera barraca valenciana, rodeada de erizadas chumberas.
Calas y dunas donde el mar se aquieta y no es profundo, hormigueante de niños y bañistas; y en un ramblar, todo el tenderete de barracones de una sombra de feria de juguetes baratos, y dulzainas pasadas.
Dos de las principales cuevas del poblado.