lunes, 20 de enero de 2020

Puerta de Jerez, en Sevilla.

Antigua Puerta de Jerez, de Sevilla.
Como se aprecia en este grabado de 1643, el arroyo Tagarete servía de foso y defensa de una zona de la ciudad. Sevilla estaba resguardada en su mayor parte por los dos ríos. Por el lado de Poniente protegía la Puerta de Jerez, que vemos en la imagen, convirtiendo a esa Puerta, en una auténtica fortaleza.
Detalle del grabado anterior, donde les he marcado con una (X) La Puerta de Jerez y el puentecillo que cruzaba el arroyo Tagarete.
Detalle de otro fiel y riguroso grabado alemán, de finales del siglo XVII, enmarcado por una leyenda latina que exalta la ciudad, anteponiéndola a todas las del reino, y que incorpora la repetida leyenda "Quien no vio Sevilla no vio maravilla".
He marcado también con una (X) la Puerta de Jerez, y como se habrán dado cuenta parece que el dibujo, aunque más detallado, es una copia del grabado anterior, y sujeto, como era de esperar, a desproporciones y otros defectos propios de un observador que tal vez, no conoció de vista y primera mano la ciudad representada.
En este precioso grabado, que apenas si requiere comentario, vemos -de derecha a izquierda- el panorama que ofrecen San Telmo, la primitiva Puerta de Jerez (X), el muelle, al fondo, la Casa de la Moneda, la Torre del Oro, todavía con el arroyo Tagarete, como divisoria, y sobre la que se levanta dos puentecillos. Sevilla se proyectaba por aquel entonces, en el marco romántico -como Lisboa, Venecia o Estambul-, como una ciudad que busca y alcanza el río, en cuya margen se ve aún, además del Salón del Cristina, el embarcadero de Montpensier, ante el que aguardan plácidas, diversas embarcaciones.
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Han existido dos puertas de Jerez. La primera, que data de la reconstrucción almohade, y que era, tal como la hemos visto en este último grabado, y que fue reformada en varias ocasiones, siendo la más importante la llevada a cabo en 1561 por impulso de Felipe II, cuando era su asistente en Sevilla Francisco de Chacón. En 1836 fue tapiada ante el avance y temor de invasión de las tropas carlistas al mando del general Gómez, derribándose las dos torres-castillo que la flanqueaban. 
Puerta de Jerez, en 1850.
Foto: Joseph de Vigier (Calotipo).
Aparece con claridad en esta imagen una de las bocas del arroyo Tagarete, y un puentecillo sobre él.
Puerta de Jerez. 
(Colección del pintor Don Gonzalo Bilbao)
Con posterioridad se restablece la que será la segunda Puerta de Jerez, caracterizada por sus grandes columnas de orden Jónico, sobre el arco de la puerta había dos figuras de leones enmarcando el Escudo de Sevilla. Existía una placa, que en la actualidad está en la calle Maese Rodrigo, donde se dice:
Hércules me edificó, Julio Cesar
me cercó de muros y 
torres altas; y el rey santo
me ganó con Garci Pérez de Vargas.
A continuación pueden ver, esta Puerta de Sevilla, dibujadas por:
RICHARD FORD.
Los dibujos realizados por el dibujante inglés Richard Ford son de su estancia en Sevilla entre los años 1830 y 1833. Fueron publicados por el Instituto "Diego Velazquez", en la obra titulada "Richard Ford en Sevilla". 
La importancia de esta colección de dibujos, es que nos muestra principalmente la Ciudad vista desde fuera de murallas, que aún se conservaban completas, cuando Ford estuvo en nuestra ciudad.
Y por:
BARTOLOMÉ TOVAR.
Bartolomé Tovar trabajó como colaborador gráfico de Don Francisco B. Palomo para ilustrar su segundo tomo del libro "HISTORIA CRÍTICA DE LAS RIADAS Y GRANDES AVENIDAS DEL GUADALQUIVIR", 1878, que se conserva en la Biblioteca Colombina. Cuando Tovar hizo estos dibujos ya habían sido derribada casi todas las puertas que iremos viendo en esta nueva serie, así que queda claro, que fueron copias de otros dibujos o de fotografías anteriores.
La primitiva Puerta de Jerez y la Torre del Oro. (Richard Ford, 1830)
En primer plano, el actual paseo de Cristina, situado en la confluencia del arroyo Tagarete que servía de foso y defensa de la ciudad  y el río Guadalquivir configurando una fortaleza que fue uno de los tres puntos claves para dominar Sevilla durante las luchas nobiliarias, del final de la Edad Media. Al fondo, la Torre de Santa Ana, Torre del Oro, la Aduana, la Caridad y una torre de la muralla, en su interior existía un retablo a la Virgen de los Dolores.
Fachada exterior de la Puerta de Jerez. (B. Tovar, 1878)
La incorporación de los actuales jardines del Cristina, a causa del acondicionamiento del Palacio de San Telmo para residencia del Duque de Montpensier y las demandas de un lugar de ocio para Sevilla, motiva la necesidad de articular un espacio libre entre la ciudad y el nuevo jardín. Ello produjo la destrucción de esta puerta en 1864, según la propuesta del alcalde Pagés de Corro. En esa obra también hubo de ser entubado el Tagarete desde la Fábrica de Tabacos hasta su desembocadura aledaña a la Torre del Oro.

viernes, 10 de enero de 2020

Joaquín Bilbao Martínez. Sevillanos ilustres (III).

Escultor sevillano, D. Joaquín Bilbao Martínez.
En el año 1916, el año de la magia perfumada de azahares de los crepúsculos sevillanos, un nuevo "paso" buscó el lento bamboleo de sus figuras, el temblor lívido de sus luces, y los vuelos melancólicos de las "saetas"; caerán sobre él, por primera vez las hojas de flores deshojadas, y cuando llegue a los populares barrios, las mujeres le vitorearán, porque ha sido creado para ellas, para las típicas cigarreras que han servido de inspiración a tantos pintores y a tantos escritores.
"Cabeza del Señor atado a la columna", escultura de Joaquín Bilbao, encargada por la cofradía de Las Cigarreras, de Sevilla.
¡Cigarreras de Sevilla!, las que en el lienzo extraordinario de Gonzalo de Bilbao, vimos triunfar sobre cuadros admirables en la Exposición Nacional de 1915. Lienzo en el que parecían oírse sonar las velazquinas ruecas de aquellas hilanderas de la fábrica de Santa Isabel, donde se hacían obras de nuevo.
Cigarreras con el cabello nevado de biznagas y el corazón encendido de amor y los labios rebosantes  de donaire y picardías. Ella son las que ha quisieron tener un "paso" suyo, de su cofradía a quien vitorear en los días santos, a lo largo de las calles estrechas, perfumadas de primavera e hinchadas de multitud...
"Cristo atado a la columna", escultura de Joaquín Bilbao.
Y este "paso" fue encargado al hermano del pintor que tan bien supo interpretar la Fábrica de Tabacos, consagrando a ella los años más fecundos  y más afirmativos de su vida.
La Real Cofradía llamada de Las Cigarreras, desfilando procesionalmente por las calles de Sevilla, durante la Semana Santa de 1919.
Joaquín Bilbao, nacido en Sevilla el 27 de Agosto de 1864, fue quien modeló el Cristo atado a la columna, y puso en esta obra aquel escrupuloso amor, que el hermano empleó en el cuadro admirable, dándole además, emocionado carácter de humanidad, trágica y torturada expresión, factura briosa y enérgica de española traza.
Se piensa a la vez, en los dos grandes escultores místicos, tan diferentes y tan estrechamente ligados en sus distintos criterios estéticos al alma de la raza: Berruguete y Salcillo.
Viril y austera como la del hijo de Castilla; blanda, colorida en una infinita expresión de laxitud y abandono, como la del hijo de Levante, es la expresión de esta nueva obra del ilustre escultor sevillano.
Joaquín Bilbao. Ilustre escultor sevillano.
Joaquín Bilbao era, como he dicho antes, hermano de Gonzalo, el autor de tantos y tan maravillosos lienzos.
Procedía de esa generación por tantos motivos ilustre de los Inurria, los Benlliures, los Blay, los Querol, y siempre procuró impregnar su arte de un sentimiento profundo y de una identificación cordial con las pasiones cotidianas.
No busquéis en él aparatosas concepciones, ni aquellas teatrales máquinas que tan lejos están de la riqueza decorativa, como de labrar surcos hondos en nuestro corazón. Apenas llegó a firmar ningún monumento y huyó siempre de esa vacuidad escultórica en la que se hacen alardes de ficticia grandiosidad y se recurre a manidos y rancios preceptismos simbólicos.
No, Joaquín Bilbao como Gonzalo Bilbao, fue siempre un realista, un ligado a la vida cotidiana y así, todos los asuntos de sus estatuas o grupos escultóricos, expresan episodios y sentimientos observados por él directamente.
Un rincón del estudio de Joaquín Bilbao, en Sevilla.
Y al lado de estas obras que no se limitan a producir el simple deleite visual, sino que buscan también el camino de nuestra sensibilidad, tiene otras ligeras, graciosas, en apariencia frívolas, que responden al criterio de nuestra época. Figurillas gráciles en las que se ha fragmentado, como en las de Leonardo de La Noche del Sábado, un gran ideal.
Pertenecen al primer género grave y profundo:
La Madre, presentado en la "Nacional" de 1910.
El último tributo, premiado con segunda medalla en la "Nacional de 1906.
Resultado de la huelga, que le valió la condecoración de Alfonso XII, en la "Nacional" de 1904.
Al segundo, innumerables figurillas tan graciosas como El Beso de la ola, Las Seguidillas, Ataque inesperado y La gallina ciega en Holanda.
Interpretó también los tipos populares de Andalucía, y demostró riqueza imaginativa en La Visión de Fray Martín, y delicadeza tierna y sentimental en Sueño de Amor y El Sueño de la Virgen.
Además de las recompensas ya mencionadas, Joaquín Bilbao obtuvo:
Tercera medalla en el año 1897.
Tercera medalla en la "Universal de París", de 1900.
Mención Honorífica en el Salón de París, de 1902.
Altar del Santo Cristo de Maracaibo, en la capilla de Santa Ana, de la Catedral de Sevilla, donación de la excelentísima Sra. Condesa Viuda de Casa-Galindo, es obra del ilustre escultor D. Joaquín Bilbao, y fue inaugurado el 4 de Diciembre de 1913.
Plaza Nueva y estatua de San Fernando. Fotografía de Loty. 1927.
En nuestra ciudad, también fueron gratas y deleitosas, para el ilustre escultor sevillano, la estatua ecuestre del Rey San Fernando, de la Plaza Nueva, y las dos esculturas de apóstoles, colocadas en la entonces reformada puerta de la Concepción de la Catedral, en el patio de los Naranjos, y que son las que van a ver a continuación:
"El apóstol San Simón" de la Puerta de la Concepción, de la Catedral.
(Es el primero por la izquierda de los Apóstoles)
"El Apóstol San Mateo" de la puerta de la Concepción, de la Catedral.
(Es el segundo por la derecha, de los apóstoles)
Tal es, a grandes rasgos, su personalidad artística.