miércoles, 29 de octubre de 2014

DESCANSEN EN PAZ. (R. I. P.)

ADVERTENCIA
Esta entrada contiene imágenes que pueden herir su sensibilidad. 
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Dales, Señor, el descanso eterno.
Y brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
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Quiero agradecer sinceramente, la colaboración de un amigo, gran fotógrafo y mejor persona, que se llama David Hornero; a quien le pedí, algunas fotos suyas para esta entrada-exposición; y desde el primer momento, todo, fueron facilidades; así, que gracias a su gentileza y generosidad, hoy, vamos a poder disfrutar todos, de una pequeña muestra, de sus magníficos reportajes.
David, nos regala siempre en su blog, imágenes que se nos antojan imposibles, y de una calidad impresionante; él con su cámara es capaz de convertir, lo más sencillo y natural, en puro arte.
No duden en visitar su blog: "La Vida Posar"; un autentico deleite para la vista.
Foto de: David Hornero
En el año 1649, Sevilla fue azotada por la mayor epidemia, que se ha conocido en nuestra ciudad; ésta, fue la "peste africana" que unido a la hambruna de la época, diezmaron la población de la ciudad, a su mitad. Tal fue el número de muertos que se acumulaban en las plazas de Sevilla, para su enterramiento, que hubo que habilitar pequeños cementerios por diferentes barrios de la ciudad, como el de Osario, la Macarena, el Baratillo, Puerta Real y Prado de San Sebastián, con el fin de poder sepultar los cadáveres, rápidamente.
Como en toda la Cristiandad, en la ciudad de Sevilla no hubo cementerio-como hoy lo conocemos- hasta el siglo XVIII; los muertos eran enterrados en el interior de las iglesias; la gente anónima en el suelo y los personajes ilustres empotrados en los muros, como testimonian las numerosas lápidas sepulcrales que hay en los templos sevillanos.
A principios del Ochocientos se crearon en Sevilla los primeros Camposantos: el de los Pobres, situado en Eritaña; el de los Canónigos o Eclesiásticos, junto al anterior; el de San José, en las afueras del barrio de Triana, e incluso los ingleses protestantes contaban con un cementerio en el ex-convento de San Jerónimo.
Pero el más importante de todos, fue el conocido como el Cementerio de la Ciudad que estaba situado en el Prado de San Sebastián, y que quedó en desuso en el siglo XIX, debido a las consiguientes inundaciones invernales.
Por lo que el Ayuntamiento de Sevilla en el año 1831, tomó la decisión de comprar unos terrenos a extramuros, y adquirió la llamada Huerta de la Fontanilla, que pertenecía al hospital de San Lázaro, y en donde el 5 de Diciembre de 1852 se inauguró el actual cementerio de San Fernando.
Vista de Sevilla desde el Prado de San Sebastián, (Richard Ford, 1832)
De izquierda a derecha: Torre del Oro, Fábrica de Tabacos, Puerta Nueva, Catedral con los jardines, edificaciones del Alcázar y el Cementerio de San Sebastián. En primer término un entierro que presiden dos sacerdotes.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero
Balbino Marrón y Ranero
Proyecto para su sepulcro familiar en el cementerio de San Fernando.
Dibujo de don Balbino, en papel, Sevilla, 1853.
EL CREADOR DEL CEMENTERIO DE SAN FERNANDO.
En 1845 Balbino Marrón y Ranero fue nombrado arquitecto municipal de Sevilla. Venía de Jerez de la Frontera, donde había ejercido el mismo cargo. Nacido en 1812 en Villaro (Vizcaya), dejaría en Sevilla su impronta profesional. Una de sus intervenciones más conocidas fue llevar a cabo el Cementerio de San Fernando. El día 10 de Junio de 1851 llegó a la Alcaldía su borrador de proyecto y presupuesto. Manifestándose como un detractor del sistema de nichos los cuales etiquetó de perjudicial y repugnante sistema a la par que preconizaba sepulturas de familia, mausoleos, panteones, etc. El proyecto de su propia sepultura familiar dibujado por él mismo  que aquí publico, es toda una pieza histórica de su intento por dignificar y humanizar los enterramientos. La historia le jugará la mala pasada de no haber sido así para él mismo. En un viaje a su tierra vasca, en 1867, le sorprendió la muerte y, pese a ser un verano riguroso, trajeron el féretro con la lentitud del ferrocarril desde Bilbao a Sevilla. El cadáver fue depositado en una vulgar tumba, donde aún reposa, lejos, infinitamente lejos, de la sepultura idílica que había soñado para él, en el Cementerio de San Fernando.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Escuela de sepultureros
Desde la inauguración del Cementerio de San Fernando, en 1852, el cuerpo de sepultureros siempre ha tenido miembros procedentes del pueblo de La Algaba. En opinión de José Apresa en el último tercio del XIX a partir de la influencia de un sacerdote local, el cura Herrera que, ligado de alguna forma al cementerio hispalense, fue tirando y colocando a diversos paisanos en el oficio de enterrador. El hecho es que los algabeños forman ya parte de la historia necrológica de esta ciudad. El oficio se ha transmitido de padres a hijos como si se tratase de una escuela de sepultureros, y en ellos se hace patente la artesanía aplicada con que hacen su trabajo; manejando las sogas que bajan los féretros, la liviandad impulsada, con cierta elasticidad, sin brusquedad alguna, son algunas de las característica comunes a todos ellos.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Patios para velatorios.
El negocio de los muertos no se estructurará modernamente hasta la segunda mitad del siglo XIX. Antes hubo "tratantes fúnebres" cuyo lugar de contacto fue el Patio de los Naranjos. Lo que se concertaba era el ataúd y el desplazamiento. Rara vez se ofertaban otros servicios. Una variante de interés, era el alquiler de "patios y casas para velar" . El tratante ofrecía a la clientela distintas mansiones, con diferentes categorías y precios, encargándose del traslado del cadáver. Ciertamente eran una especie de tanatorios actuales, en plan de pueblo. Algunas casas de las que alquilaban, se han localizado aún en el barrio de Santa Cruz, aunque el catálogo era amplio. En cualquier caso, siempre se exigía que tuvieran un buen patio, para comodidad del velatorio.
Foto de: David Hornero

Retratos fúnebres
El recuerdo eterno de un ser querido.
Cuando nace la fotografía, nacen con ella una serie de aplicaciones sociales basadas en su poder ontológico, en la seguridad absoluta de existencia que transmite a cualquier espectador. Desde los primeros años del invento se intenta aplicar a los fallecidos. En la ciudad sobre 1850 comienzan los primeros escarceos de los que se llamarán fotógrafos de muertos.
En la ciudad los tratantes ofrecían, como servicio extra y moderno, la realización de una fotografía al muerto. Había en Sevilla un fotógrafo llamado Luis León Massón, siempre ayudado en este menester por su esposa, que firmaba como la señora de Luis. Con gabinete en la calle de las Escobas (hoy Alvarez Quintero) que recibía numerosos encargos de retratos fúnebres. Fue un pionero en este tipo de trabajo, verdadero artista de la recomposición vital del cadáver. Mientras éste gusta de añadir glicerina a los ojos para dar brillo a la mirada, cuidando con frecuencia que los ojos estén abiertos.
En la práctica, la preparación del cadáver para ser retratado era todo un poema. Debido a la escasa luz, en la mayoría de las ocasiones se subía el cadáver a la azotea. El retratista portaba un maletín de maquillaje para infundir un soplo de vida a lo que era imposible. Entre los cosméticos, empleaba carmín para las mejillas, una crema neutra en color para tapar ojeras, unas gotitas de glicerina para brillar la pupila, etc. Sin embargo nunca terminó de gustar en Sevilla la variante del retrato luctuoso con los ojos abiertos, por lo que, en una evolución posterior, se suprimirá el uso del glicerol y se realizan los retratos con los ojos cerrados.
Retrato de la niña muerta, Paquita Muñoz Aguilera.
Foto: Luis León Massón, 1870 (albúmina)
Por lo equivalente a diez euros de hoy podía guardarse un recuerdo eterno de un ser querido que el paso del tiempo ha ido acumulando en auténtica memoria de latas de membrillo y cajones de rancio armario. La pequeña Paquita Muñoz Aguilera, fotografiada en su muerte, está integrada en la tramoya de un cortinaje donde se adivinan las manos que la sostienen.
Retrato del sacerdote sevillano Manuel Martín Labandera, muerto.
Foto: A. Barcia, 1871 (albúmina)
Este retrato lo realizó el fotógrafo madrileño durante su estancia en Sevilla, donde vino  para hacer un reportaje en el Palacio de San Telmo, por lo que se sospecha que el Padre Martín Labandera tuvo alguna relación con los duques de Montpensier. Como era costumbre, el cadáver está acicalado y sentado en el interior del palacio. Barcia nos muestra al sacerdote con los ojos cerrados, notándose el rictus y la rigidez postmorten.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Funerarias
El concepto moderno de Funeraria despegará sobre 1860-1862, recibiendo fuerte impulso a partir de la revolución septembrina para penetrar en un periodo floreciente desde la Primera República en 1873 y de la Restauración de 1874. Surgen servicio fúnebres bajo los nombres más pintorescos como: La Soledad, La Aurora, El Gozo, El Cielo de Sevilla, La Paz, La alegría Eterna, etc.  Como expresión de su pujanza, aparecen con publicidad en la prensa del momento. No tienen desperdicio las expresiones literales de algunas de ellas. Como muestra, valga esta aparecida en el diario El Porvenir de 16 de Enero de 1877: 
La Soledad. Situada en la calle Colón nº 41 Este establecimiento, además de tener un magnífico surtido de ataúdes de todas clases a precios muy arreglados, también se esmera en facilitar todo cuanto sea necesario después de un fallecimiento.
Foto de: David Hornero
Foto de: David Hornero

Carrozas fúnebres
Foto: Anónimo (Gelatinohaluro) 1897.
Carro fúnebre de la Beneficencia Municipal.
El Ayuntamiento tenía instalados los servicios fúnebres gratuitos solo al alcance de indigentes, pobres de la Beneficencia Municipal y pobres de solemnidad, también era muy utilizada para muchos fallecidos en el Hospital de las Cinco Llagas y que no eran reclamado por ningún familiar.
Foto: Luna Fernández, 1949- Carroza fúnebre,
de la funeraria "La Nueva"
Esta lámina, es de un catálogo de coches de muertos, que hizo Fernando Luna para la Funeraria " La Nueva ". La imagen que vemos, corresponde a una carroza de las conocidas, en la jerga funeraria, como "Urna Negra".
Queridos amigos:
Gracias, y a disfrutar de la vida, que son dos días.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Fotos antiguas de Santafé, Pinos Puente, Gabia La Grande y Atarfe, (Granada)


Santafé, (Granada).
Ciudad de 7350 habitantes, situada al centro de la extensa y rica vega de Granada, en terreno algo pantanoso y a poca distancia de la corriente del río Genil. El terreno es generalmente llano y de regadío en buena parte. Sus principales producciones agrícolas son cereales, aceite, vino y remolacha. Hay fábricas de Alcohol, de aguardientes y de bebidas gaseosas, y la de la "Sociedad General Azucarera de España".
Durante el sitio de la última ciudad que poseyeron los moros en España, en 1491, los Reyes Católicos fundaron la de Santafé, construyéndola en 80 días, con sus murallas y fortificaciones. Es de suponer que la obra debió ser muy endeble, por cuanto en la actual ciudad no se conserva el menor vestigio de la primitiva.
En 1806 un terremoto causó muchas  ruinas en el caserío, que ha sido reconstruido paulatinamente, presentando hoy el aspecto de población moderna.
Vista parcial de Santafé.
Fundaron esta famosa ciudad los Reyes Católicos durante el sitio de Granada.
Puerta de Granada.
Al extremo de una de las principales calles de la ciudad, esta puerta da salida al campo.
Plaza de la Libertad.
En su lado occidental se levanta la iglesia parroquial de la Encarnación.
Calle Ancha.
Una de las principales de la ciudad, a cuyo extremo se divisa el arco llamado de Belén.
Iglesia de la Encarnación.
Fue construida a fines del siglo XVIII, por don Domingo Elois y don Francisco Quintillán.
Interior de la parroquia.
La antigua iglesia colegial, fundada por los soberanos, fue derribada en 1773 por amenazar ruina, y en su lugar fue erigida la actual iglesia de la Encarnación, que consta de tres naves de gusto greco-romano y es notable la capilla mayor, por su hermoso tabernáculo y sillería labrada.
Púlpito de la parroquia.
Los dos púlpitos que flanquean la capilla mayor, constituyen una obra selecta del estilo barroco.
Cruz parroquial.
Hermoso ejemplar plateresco de principios del siglo XVI.

Pinos Puente, (Granada).
La villa de Pinos-Puente más las cortijadas de Alitaje, Ansola, Asquerosa, Casa Nueva, Trasmulas y Zujaira suman un total de 7706 habitantes en el censo de 1910, por lo que esta villa está más habitada que la cabeza del partido y se halla situada a la margen derecha del río Cubillas. sobre el cual hay un puente, cuya vista veremos a continuación. Dista a 13 kilómetros de Granada y 5 de Santafé; tiene estación de ferrocarril y carretera de Granada a Alcalá la Real. Posee varias fábricas de azúcar, y cosecha cereales, legumbres, remolacha y muy buenos melones y sandías.
Plaza de la Iglesia.
Punto céntrico de la población, donde se halla emplazada la parroquia.
Iglesia de San Pascual.
El interior de este templo ofrece como principal curiosidad, la anchura de su triple nave y el atrevimiento de sus arcos.
Vista general de Pinos Puente.
Se halla situada esta importante villa en la falda de la sierra Elvira.
Puente sobre el río Cubillas.
Es de antigua y sólida construcción y consta de tres arcos.
Gabia la Grande, (Granada).
La villa de Gabia- la Grande más la cortijada Hijar suman un total de 3385 habitantes en 1910. Se halla a 8 kilómetros de Granada, cuya estación de ferrocarril es la más cercana y a 8 kilómetros de Santafé.
Conserva las ruinas de un torreón y una atalaya moriscos. Produce remolacha, aceite, cereales y yeso.
Capilla Mayor de la parroquia.
Bonito templo de construcción moderna, en estilo gótico.
La Virgen de la Nieves.
Imagen muy venerada de la Patrona de la población.

Atarfe, (granada).
Con sus 4261 habitantes (1910) Atarfe es la segunda villa más importante de este partido. Dista 11 kilómetros de Granada y a 5 de Santafé; con estación de ferrocarril y carretera de la capital de la provincia a Alcalá la Real. Posee un célebre balneario de aguas ferruginosas denominado "Sierra-Elvira". Cosecha principalmente remolacha, cereales y aceite.
Vista de la población de Atarfe.
Importante lugar, situado en la falda Norte de la Sierra Elvira, que aparece al fondo de esta vista.
Casas Consistoriales.
Ocupa uno de los lados de la plaza mayor del lugar.