jueves, 30 de junio de 2022

Fotos y postales antiguas de Sorbas, Lucainena de las Torres, Níjar y Turrillas, (Almería)

Sorbas (Almería)
Villa de 7042 habitantes de hecho, según el censo oficial de 1910. Situada en una altura expuesta a todos los vientos, al borde de un precipicio. Dista 57 kilómetros de Amería, 46 de la estación de Benahadux, en la línea de la capital a Guadix y Baeza, y 60 de la de Huércal-Overa, en la línea de Baza a Murcia.
El territorio es generalmente quebrado, pero carece de alturas considerables y los principales productos agrícolas eran en esa época las uvas de mesa para la exportación, aceites, vinos, almendras, cereales, legumbres, frutas y pastos. También se críaba algún ganado.
Desde principios del siglo XX fue adquiriendo gran importancia en la comarca, la explotación de numerosas minas de hierro y plomo, cuyo material se exportaba en bruto. También la tiene desde muy antiguo la fabricación de alfarería, que se distingue por las inmejorables condiciones de sus tierras refractarias, con las que se producían artículos de cocina de superior calidad. Había, además, varias fábricas de cal, hidráulica y algunos hornos de yeso.
El Ayuntamiento de esta villa tenía numerosos cortijos, caseríos y aldeas agregados, como ocurre en varios otros de su partido judicial.
Vista general.
Se asienta la villa sobre un rudo peñasco que forma imponentes precipicios.
Vista parcial.
Pintoresca situación del caserío encaramado en el peñascal, donde se observan las habitaciones cavadas en la roca.
La Vega.
A ambas márgenes de una rambla se tienden los campos de labor, preparados por la mano de hombre, a pesar de las dificultades ofrecidas por el terreno.
Puente sobre el río Aguas.
Sólida construcción de sillería, que cruza el profundo surco formado por el río en sus imponentes avenidas.
Fuente y Lavadero.
Abundantísima fuente de numerosos caños, cuyas aguas, después de prestar sus utilidades al vecindario, iban a regar las vecinas huertas.
El Correo de Almería.
Llegada de uno de los automóviles que prestaban el servicio regular con la capital de la provincia, para el transporte de pasajeros y de la correspondencia.
Interior de la iglesia de San Roque.
Capìlla mayor del templo parroquial de Sorbas, construida en el siglo XVIII, en el más elegante estilo barroco de la época.

Lucainena de las Torres, (Almería)
La villa de Lucainena de la Torres, más las siguientes cortijadas agregadas, llamadas: Guardines, Polopos, Puntal y Rambla Honda, sumaban una población de 3983 habitantes según el censo oficial de 1910; se halla emplazada al pie de la sierra de Alhamill, con exposición a todos los vientos.
De Lucainena arrancaba el ferrocarril minero que moría en la costa de Agua Amarga. El terreno es de buena calidad y producía en esa época trigo, maíz, garbanzos, barriles, aceite y frutas. Explotaba minas de hierro y tenía entonces un establecimiento de aguas sulfurosas llamado, "Balneario Marranica". Celebraba fiesta el 20 de Enero, feria el 15 de Septiembre y mercados los lunes.
Vista general.
Villa situada al pie de la sierra de Alhamilla, cuyo paisaje ofrece un excelente panorama.
Estación del Ferrocarril Minero.
Línea férrea de vía estrecha, establecida para exportar el abundante mineral de hierro que se extraía de la sierra de Alhamilla.
Hornos de Calcinación.
Hornos construidos por la poderosa Compañía que explotaba las ricas minas de hierro, de la inmediaciones de Lucainena.

Níjar (Almería)
La villa de Níjar, con sus agregados, contaba con un número de habitantes mucho mayor que la cabeza de partido con 12740 habitantes, según el censo oficial de 1910. Se halla situada al pie de la sierra de Alhamilla, en terreno pendiente, a 30 kilómetros de Almería, cuya estación de ferrocarril era la más cercana.
Cosechaba principalmente cereales, barrilla, esparto y frutas; solo criaba ganado en pequeña cantidad, y poseía extensas zonas de donde se extraía la tierra blanca que se utilizaba para la fabricación de cerámica fina; y terreno volcánico donde se explotaban minas de granate. Celebraba ferias de ganado del 25 al 30 de Septiembre.
Vista general.
Pintoresco aspecto de la villa, esparramada por las pendientes de la sierra.
Vista parcial.
Bellísimo panorama ofrecido por el núcleo central de la población, asentada en la falda de la sierra de Alhamilla.
Plaza de la Constitución.
En uno de los lados se levanta la iglesia parroquial, con su maciza torre para las campanas y el reloj.
Plaza de Abastos.
En esta plaza de piso irregular, rodeada de blanqueados edificios, se celebraban habitualmente los mercados.

Turrillas (Almería)
Turrillas con  1537 habitantes, según el censo oficial de 1910, dista 42 kilómetros de la capital de la provincia y 33 de la estación de Benahadux, que era la más cercana. Esta villa se encuentra en terreno muy accidentado de las vertientes septentrionales de la sierra de Alhamilla. Cosechaba en esa época cereales y aceite; criaba algo de ganado lanar y cabrío, y explotaba minas de hierro. Celebraba su fiesta el 13 de Junio.
Vista general.
Vista de pájaro tomada desde una de las alturas que dominan la población.
Parroquia de Santa María.
Capìlla mayor del templo parroquial con modesto retablo de orden corintio.

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lunes, 20 de junio de 2022

Las Suertes del Toreo.


Las Suertes del Toreo.
Recuerdo de la Feria de Sevilla. Postal de 1910.
(En la imagen: Quinito, Bienvenida, V. Segura y Gallito; y en el centro, Pastora Imperio)
Desde principios del pasado siglo el número y orden de la suerte del toreo no ha sufrido variación alguna. La lidia se ajusta a nuestros días a los mismos cánones que en los años de "Guerrita". Sin embargo, cada una de las suertes en sí, ha experimentado cierta evolución, hacia una mayor perfección y armonía.
Media verónica (El Vito).
Un lance de capa (El Andaluz).
Hoy, como hace más de cien años, encarna el toreo de capa, la más pura expresión del arriesgado arte. Puede decirse que la capa simboliza la verdad, la pura verdad del toreo. Pasa el toro guiado exclusivamente por el juego de las manos. Las piernas unidas y quietas - al modo que popularizó Chicuelo-, o en cierto compás - como lo hacia Juan Belmonte-, no deben servir en ningún caso de defensa. Es el capote -rítmico abanico en manos del torero- el que ha de salvarle de la ciega acometida de la fiera.
Suerte de varas.
La suerte de vara -la tan discutida y atacada suerte de varas- perdió en el transcurso de los años gran parte de su eficacia. Su finalidad era restar al toro fuerza y prepararle para la lidia. Hoy, dotados de peto protector los caballos, la suerte si bien carece  de aquellos perfiles sangrientos, que tanto impresionaban a los extraños a la fiesta, tampoco representa aquel riesgo, que obligaba al picador a sostener al toro con la puya a la distancia precisa, mientras procuraba, a la vez salvar, sin un rasguño, a su cabalgadura.
Un par de banderillas (Pepín Martín Vázquez).
Las banderillas siempre tienen un aire de travesura infantil. Se trata de una burla del toro a cuerpo limpio. Hay que llegar hasta él, o dejar que el astado se acerque, para en ese instante clavarle en todo lo alto, los garapullos.
El brindis (Parritas).
Ha sonado la hora de matar. El espada brinda su faena y acude a entendérselas con su enemigo, provisto de muleta y estoque.
Un pase natural a un toro de Miura (Pepe Luis Vázquez).
En la obligada preparación para la suerte suprema, la muleta va y viene en variados pases y giros. El más autentico de todos ellos es el natural. El natural entiéndase, con la izquierda y con la espada quieta, a la espalda. El natural con la pierna izquierda ligeramente adelantada, de forma que con un leve movimiento pueda el torero volver a embarcar a la fiera en otro pase idéntico. El natural, en fin, puro o ayudado, que permite la rúbrica formidable del pase de pecho.
Un pase natural ayudado (Gitanillo de Triana).
Un adorno de rodillas (Antonio Bienvenida).
Otros pases -molinetes, por alto, derechazos... y adornos- preparan al bicho para la muerte.
Un inimitable "derechazo" del inolvidable Manolete.
Cuando el toro se halla en la debida posición -cuadrado- llega la hora de la estocada, suerte difícil porque exige, si el diestro marca los tiempos debidamente, un cruce apretado con las astas del toro. En particular en lo que se llama volapié, actualmente la más frecuente suerte de matar.
Estocada al "volapié"
La muerte del toro.
Con el estoque en la cruz el toro se derrumba. Ya solo queda el alegre tintineo de las mulillas, en el arrastre de la res sin vida, y el aplauso, la oreja y la vuelta al ruedo para el espada, si mereció por su labor tales premios.
Las "mulillas" arrastran al toro muerto.
- - * - -
En todas estas clásicas suertes taurinas, cuyo recuento parece constituir el canon íntegro de la fiesta nacional, ha tenido el toreo sevillano su más gallardo estilo, su más pura y personal estética. Torear en Sevilla no es alardear de valor temerario y conste que pocos toreros han aventajado la valentía proverbial de los hispalenses. Ni tampoco se llama torear en nuestra tierra a vencer dificultades ante una fiera, como quien resuelve problemas matemáticos. El secreto de la tauromaquia sevillana lo constituye ese algo indefinible, intuitivo,  casi milagroso que se llama la gracia. La gracia se resuelve en finura, elegancia, temple, sencillez. Tener gracia ante un toro significa poseer la no rebuscada genialidad de convertir en primor espontáneo y sereno el lance más imprevisible. La gracia entraña tonos fáciles, alados y esculturales; la gracia sabe de los equilibrios majestuosos, de los dominios templados, de la armonía de gestos, ademanes y movimientos en el engaño a una fiera poderosa. La gracia es pura y simplemente la calidad señera y rebosante de simpatía con que el espíritu de Sevilla se aplica a todas las cosas, sin menoscabar la naturalidad y el porque si de las intuiciones y genialidades que se logran sin aprendizaje y sin esfuerzo, porque salen de dentro como irradiaciones de la propia substancia artística.
Sevilla, en realidad, no ha hecho otra cosa en la fiesta de los toros que ponerse a torear ella misma, imponiéndose en el dorado redondel, con el mismo garbo y estilo con que impuso su personalidad inconfundible en la vida histórica de todas las épocas.

Las siguientes imágenes las he tomado en la Plaza de la Maestranza, de la novillada con picadores que se celebró en Sevilla, a las veintiuna hora del día  16 de Junio de 1922, -novillada del Corpus-, con novillos de Juan Antonio Ruiz Román "Espartaco". En esta novillada lidió dos astados el cada día más famoso novillero Juan P. García "Calerito", cuyos abuelos y padre son de Gerena, así, como también debutó en esta importante Plaza, el joven "picador", y sobrino mio, Javier Fernández Piriz, natural de esta misma localidad, a los que les deseo suerte y muchos éxitos.
(Si haces clic sobre las imágenes, las puedes ver ampliadas)

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