martes, 10 de octubre de 2017

Iglesia parroquial de San Roque, en Sevilla.


Iglesia parroquial de San Roque.
La iglesia parroquial de San Roque, construida en los últimos años del segundo tercio del siglo XVIII, fue incendiada como respuesta a la insurrección militar, por las hordas marxistas, el 18 de Julio de 1936. La ruina del templo fue de tanta importancia, que el edificio quedó en alberca. Solo los muros exteriores perimetrales con sus respectivas portadas, y la torre, persistieron con supervivencia irónica, ante la malicia del ser humano. Por lo que todo su contenido pereció en el incendio.
Interior antes del incendio.
 Como es imposible enumerar todo el patrimonio perdido, en una sola entrada, lo voy a hacer por sectores y de forma resumida.
Capilla mayor: En su camarín central se veneraba, la imagen de San Roque, en los intercolumnios se hallaban las esculturas de un santo Obispo Agustino que se identificó como Santo Tomás de Villanueva, y la de San Nicolás de Tolentino, procedentes del convento sevillano de San Agustín. Una imagen interesantísima del Santo Arzobispo de Valencia, de la escuela sevillana del siglo XVI, la otra estatua del santo Agustino, fechada hacia 1500, con muchos resabios góticos.
Además de dos ángeles lampareros y las pinturas de la Huida a Egipto, el anuncio angélico de Santa Ana de su fecundidad, pintados ambos en 1816, por D. José Araujo.
Iglesia de San Roque destruida completamente después del incendio.
Interior después del incendio.
Retablo del Sagrario.
Nave del Evangelio: Su interesante retablo, de estilo rocalla, de hacia 1760, estaba compuesto por un gran nicho, dentro del cual se veneraba la imagen de la Inmaculada, y en otro superior, la figura de Jesús en acto de Flagelación. En repisas laterales las imágenes de San Roque y de San Francisco de Asis, en madera policromada y del siglo XVII.
Además de las imágenes de san Juan Evangelista y Santa Teresa de Jesús, y una pintura de San Juan de Nepomuceno, en el retablo neoclásico había una interesante imagen del Santo Crucifijo de San Agustín, obra cumbre del siglo XIV, a sus pies, una Dolorosa, del primer cuarto del siglo XVIII, perteneciente al círculo del escultor granadino José de Mora.
También destruyó el incendio un Simpecado, Cruz de guía y faroles de la antigua Hermandad de Nuestra Señora del Socorro, que se guardaban en una alacena.
Retablo de San Jerónimo.
Santo Tomás.
San Nicolás de Tolentino.
Virgen de las Madejas.
Nave de la Epístola: En el testero cabecera, retablo neoclásico donde recibía culto la imagen de vestir de Nuestra Señora del Socorro, a un lado la escultura del siglo XVIII de la Virgen de las Madejas, y al otro, la figura de vestir de Santa Lucía, además de una escultura muy interesante, el Niño Jesús con la Cruz a cuestas, obra del siglo XVIII.
Salvo el rostro de la Virgen de las Madejas, pereció en el incendio del templo las siguientes imágenes: Imágenes de Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, una imagen de San José con el Niño en los brazos, así como una notable figura de la Virgen del Carmen, ambas del siglo XVIII; y gran cantidad de pinturas de notable mérito.
Niño Jesús.
Virgen de la Granada.
La iglesia de San Roque, bien provista de ornamentos y orfebrería, fue la que quedó más destrozada en los incendios y saqueos de las iglesias sevillanas, habiéndose salvado solamente aquellos objetos que manos previsoras, habían sacado de la iglesia en fechas anteriores al siniestro, como por ejemplo un cáliz de plata repujada y un copón de hacia 1800, un ostensorio de plata dorada  de hacia 1810, etc. etc.
Virgen del Carmen.
Dolorosa.
Cristo de San Agustín. Obra del siglo XIV, destruida en el incendio.
La procesión del Cristo de San Agustín, en 1926, el último año que procesionó, ya que salía por las calles de Sevilla cada diez años, costeado por el Ayuntamiento, en representación del pueblo sevillano.

sábado, 30 de septiembre de 2017

El Alcázar de Sevilla.


El Alcázar de Sevilla.
Situado en el costado sur de la Plaza del Triunfo, frente a la Catedral, estuvo adosado al recinto amurallado de la ciudad, aunque independiente de él. Algunos restos y noticias literarias, principalmente de fuente musulmana, hablan de la existencia en aquel lugar de alcazabas y palacios bajo los califas cordobeses y los príncipes Banu-Abbad, pero los restos que permanecen no sobrepasan la dominación almohade. Después de la reconquista, fue residencia de los reyes cristianos, experimentando obras de reparación y reformas bajo Alfonso X, el Sabio, y Alfonso XI, pero fue su hijo y sucesor Pedro I de castilla y León (1351-1369) el que realizó una reconstrucción en gran escala, que hizo casi desaparecer la obra almohade, el llamado Alcázar Viejo, naciendo el que en los documentos coetáneo e inmediatamente posteriores, se nombró Alcázar Nuevo o de Don Pedro, que es el existente con sucesivas ampliaciones y reformas. Bajo los Reyes Católicos, el Emperador y Carlos III tuvieron lugar las más importantes, y, posteriormente, algunas tan desgraciadas, como las sufridas bajo el reynado de Isabel II a mediados del siglo XIX. Por Decreto de 1931, el Patrimonio Nacional lo cedió casi en su totalidad al Ayuntamiento de Sevilla.
Parte de la breve descripción que se incluye en esta entrada es un compendio de la completa, aunque resumida, que figura en la Guía Artística de Sevilla de Don José Guerrero Lovillo, editada por "Aries".
Puerta del León.
Del torreón de la derecha, partía la antigua muralla que iba hasta la Torre del Oro.
Fachada del Palacio del Alcázar.
Foto: J. Laurent , año1872
Fototeca del Patrimonio Histórico, Mº de Cultura.
Patio de la Montería en la segunda década del siglo XX.
El Patio de la Montería a cuyo fondo se levanta la fachada principal del Palacio Mudéjar de don Pedro, la más bella muestra de este estilo en España, en la cual se hermanan las labores de los alarifes sevillanos y toledanos con las de los nazaríes que labraban los palacios de la Alhambra, a mediados del siglo XIV, recordando muy de cerca la del Cuarto de Comares de los Alcázares granadinos.
Galería de Columnas.
Patio ajardinado a través de una bella Logia renacentista, procedente del jardín de la Casa que fue de los Levíes, en la calle de su nombre, constituyendo un armonioso conjunto debido al  conservador del Alcázar, el arquitecto don Rafael Manzano Martos.
Capilla del Cuarto de los Almirantes.
En el costado del Patio de la Montería se halla el Cuarto de los Almirantes, donde, según se hace constar en una lápida, fundó en 1503 la reina Isabel la Católica la Casa de la Contratación de Indias, en el que se organizaron las principales expediciones descubridoras. Se halla adornada con tapices, cuadro y armaduras del Patrimonio Nacional. contigua se halla una sala convertida en Capilla, presidida por un retablo que contiene la tabla de Nuestra Señora del Buen Aire, pintada por Alejo Fernández para la Casa de la Contratación, en la que aparecen retratados, cobijados por el manto de la Virgen, varios de los personajes que intervinieron en los inicios del descubrimiento, figurando en cuatro tablas laterales San Hermenegildo, Santiago, San Telmo y San Juan Evangelista.
Salón de Carlos V.
Salones de Carlos V, precedidos de un pórtico del siglo XVIII, obra, al parecer, del arquitecto Sebastián Van der Borcht, constructor de la Fábrica de Tabacos. Estos salones tienen espléndidos alicatados de azulejos fechados en 1577 a 1579 por el famoso ceramista Cristóbal de Augusta. De sus muros cuelga una colección de doce tapices de la Conquista de Túnez en 1535, reproducidos en la Real Fábrica de Tapices en 1740 de los originales tejidos en seda y oro Pannemaker en Bruselas en la época del Emperador.
Oratorio de los Reyes Católicos, Foto: J. Laurent, 1872.
Pequeño recinto con bóveda de crucería , cuyo altar es una de las mas notables obras de la cerámica española, representando la visitación de la Virgen a Santa Isabel, firmada por Francisco Niculoso Pisano, en 1504.
Detalle de los azulejos del Oratorio de los Reyes Católicos.
Detalle del Salón de Embajadores.
Con magníficas puertas de lazo con escudos e inscripciones en caracteres árabes y góticos en los que se menciona haber sido labradas por artífices toledanos, en 1366. El salón, que tiene la altura de las dos plantas del Palacio, se llamó salón de la media naranja, por la hermosa cúpula hemisférica que lo cubre, sobre frisos de castillos y leones y pechinas de mozárabes, realizada  por Pedro Ruíz en 1427. Por debajo, y a la altura de los balcones, tiene una interesante serie iconográfica de retratos de reyes desde Recaredo a Felipe II. Los magníficos balcones de forja, dorados, fueron labrados por Francisco López en 1592. Los muros son de suntuosa decoración y ofrecen zócalos de espléndidos alicatados de estilo granadino.
Puerta del Salón de Embajadores. Postal. 
Parte alta, del pequeño Patio de las Muñecas.
Patio de las Doncellas.
De planta rectangular, está rodeado de galerías altas y bajas, en que hay 52 columnas de mármol; cuarenta de ellas, pareadas y las restantes formando cuatro grupos de a tres en los ángulos.
La decoración de los lienzos de la arquería la forma una franja con inscripciones africanas y un friso sobre el que se ven los escudos de Castilla y León, el jeroglífico de las columnas de Hércules y las bandas engoladas con dragantes. La galería alta es obra del siglo XVI. Los artesonados de las galerías son de la época de los Reyes Católicos, como lo atestiguan los escudos de estos monarcas, que lucen en los centros; y los mosaicos del zócalo, del tiempo de don Pedro I.
Patio de las Doncellas. Fachada del Salón y dormitorio
de los Reyes moros. Foto J. Laurent, año 1872.
Patio de las Doncellas. Fachada del Trono del Tributo.
Foto J. Laurent 1872.
Patio de las DoncellasFoto: A. Beignier (albúmina) 1865.
Estructurado como un gran rectángulo con galerías de arcos lobulados. En el siglo XVI se remodeló, apareciendo en la parte inferior una curiosa conminación de estilos platerescos y mudéjar. La columnata es pareada a base de mármoles traídos de Italia. Están inscritos el nombre de su autor, Francisco Martinez,  así como el año de ejecución, 1559, en el ángulo sudeste del cuerpo bajo. De lo más valioso son los zócalos de azulejos del siglo XIV. Este salón era el centro de la vida administrativa y pública del Palacio real, al abrir en él sus puertas los tres recintos más importantes; el salón de embajadores, el dormitorio de los reyes moros y el del emperador Carlos V.
Salón y arcos de la alcoba de los Reyes moros.
Foto: J. Laurent 1872.
Salón de doña María de Padilla. 1915.
Palacio del Yeso.
Fotografía del Patio de Yeso, único vestigio del Palacio Almohade o Alcázar Viejo, patio rectangular con la típica disposición musulmana de alberca central, que tiene al lado derecho un pórtico con el arco central mayor lobulado, sobre pilastras, y a cada uno de sus lados tres más pequeños, que apean sobre columnas califales de procedencia cordobesa, sosteniendo dos paños calados de labor de sebka de yesería.
Cama de Isabel II en el Alcázar. Foto: Miguel Angel Yañez Polo.
La Puerta de Marchena.
La célebre Puerta del Palacio de los Duques de Osuna, de Marchena, que fue levantada en 1914  por Orden de su Majestad el Rey en el Alcázar de Sevilla, se empezó su desmonte en Marchena, a último de Julio de 1914, requiriendo gran cuidado su traslado por el mal estado de la piedra, y por la gran cuesta del castillo a la estación de Marchena, que dificultaba el arrastre. Duró su desmonte y traslado tres semanas, y fue todo dirigido por el joven arquitecto, don Vicente Traver y Tomás.
Para su colocación se eligió en el Alcázar, la puerta de comunicación con la huerta, flanqueada por el torreón de la muralla, quedando así en una disposición análoga, a la que tenía en Marchena, estableciendo la comunicación del Alcázar con los nuevos jardines.
Detalle de la portada ojival, de espíritu mahometano, adquirida por el Rey, y colocada en los jardines de Alcázar.

 La Puerta de Marchena. Postal 1920.
Los Jardines del Alcázar
Bellísimos son  los jardines del Alcázar sevillano, de traza en su mayor parte árabe y mudéjar, que, aún cuando reformados grandemente en las obras que se hicieron en 1857, conservan el carácter antiguo con sus hermosas fuentes y estanques, en el caprichoso trazado de sus huertos, muchos a diferentes alturas, y lo esplendoroso de su vegetación, de la que son principal ornamento los naranjos y limoneros, los bojes y los arrayanes, las palmeras y los jazmineros.
El historiador Rodrigo Caro los describe minuciosamente en su obra Principado de Sevilla, y de la descripción del erudito poeta se saca en claro que, con respecto a la decoración del siglo XVII, han variado casi en su totalidad.
Ampliación de los jardines del Alcázar. Antes de 1888.
Cartulina sepia de autor anónimo.
Portada del jardín del bellísimo Alcázar sevillano.
Un bello aspecto de los jardines.
Galería del Grutesco y Estanque de Mercurio.
La Galería de los Grutesco, desde otra perspectiva. 1914.
Estanque de Mercurio. Postal.
El Estanque de Mercurio, desde otra perspectiva. 1915.
Jardines que constituyen una de las partes más bellas del Alcázar. Son de una gran variedad, habiéndolos árabes, renacentistas, barrocos y modernos. A su ingreso encontramos un gran estanque renacentista, llamado de Mercurio por la estatua de bronce que ocupa su centro, fundida por Bartolomé Morel en 1576, como asimismo lo fueron los geniecillos y mascarones modelados según traza del escultor Diego de Pesquera. Del estanque arranca la llamada Galería de Grutesco construida y decorada con rocalla y pintura sobre la antigua muralla que separa el Alcázar de la Huerta de Retiro.
Un bello rincón de los jardines del Alcázar sevillano.
 Jardines del Alcázar. El Laberinto. Postal.
 Paseo de los Cipreses. Postal.
Jardines del Alcázar.
 El baño de la Sultana. Postal.
Pabellón de Carlos V. Postal.