jueves, 30 de abril de 2026

La Plaza de la Alfalfa, en Sevilla.

La Plaza de la Alfalfa, y "El Espartero".
Sobre la base de un foro romano, la Alfalfa, llamada en el siglo XVI, la parte que lindaba con la Alcaicería de la Loza, Lanuza y Ensaladeros, como Plaza de los Ensaladeros, de las Carnicerías, El Boquete. Y Mendizabal, en 1868, a la parte que lindaba con la calle Águilas . Tuvo en el siglo XVIII un mercado de abastos, hasta su derribo y acondicionamiento, en 1837, como paseo con bancos y árboles. A raíz de esto, se le llamo al todo,  Plaza de la Alfafa, del Infante D. Fernando y del General Mola, en 1937; pero nadie ha podido arrebatarle jamás, su nominación popular de La Alfalfa.
Pintura de la Alfalfa, de Enrique Roldán, 1873.
Detalle de la pintura anterior.
La pintura de Enrique Roldán nos muestra un sosegado espacio, donde conviven la ancestral espartería, los carrillos de mano para alquilar y el ambientillo creado en torno a un puestecillo de quita y pon, en donde se ofrecía humeante café de pucherete.
La Plaza de la Alfalfa a finales del siglo XIX (Hemeroteca Municipal de Sevilla).
Es una de las plazas más céntrica, y de mucho tránsito, por comunicar con los sitios más principales de la ciudad, además, por contar con tres establecimientos muy populares de la época, como fueron: la Confitería propiedad de D. Domingo Pérez y Gutierrez, en el nº 2; en el nº 17, estaba el Almacén de curtidos de D. José María Cabello y García, y en el nº 1, la Espartería de D. Manuel García.
La referida y genuina espartería, en 1902, en la que nació el célebre "Espartero", siendo en esa fecha propietario don Antonio García Cuesta, hijo del torero.
En ese mismo siglo, esta plaza contaba con asientos, arbolados y fuente pública, y era uno de los puntos más concurridos y transitados de la población, y en él tenía lugar todos los domingos y días festivos, una feria de pájaros.
La Feria de los pájaros, a principios del siglo XX.
(Fototeca Municipal) Foto de José Caparró Rodríguez.
La característica calle de Odreros, a su entrada por la Plaza de la Alfalfa, antes de la modificación que hizo desaparecer la clásica espartería, donde nació el célebre matador, Manuel García, "El Espartero".
El mismo lugar que la fotografía anterior, tras la reforma, a principios del siglo XX. (Fototeca Municipal) Foto de José Caparró Rodríguez.
En la segunda mitad del siglo XIX, el "Espartero" era el ídolo de las muchedumbres, y no había hombre alguno en Sevilla, más querido y afamado que él. Se le veía por las calles con su traje corto, de fina lana negra; de terciopelo color de ciruela el abierto chaleco y la flamante chaquetilla; su sombrero de queso, y su gran cadena de oro sobre la faja de seda, siguiéndolo la gente como algo extraño y sobrenatural.
Retrato de "El Espartero".
Y todo el que pasaba por la Alfalfa, frente a la famosa espartería, parando unos momentos sus pasos, exclamaba para sí, si iba solo, o en voz alta dirigiéndose a su acompañante: "Esa es la casa del Espartero".
Y esta exclamación era la síntesis de mil pensamientos admirativos, de innumerables recuerdos, de felices evocaciones. Era tanto como decir: "Aquí vio la luz primera el torero más valiente y pundonoroso de la época; entre esas paredes se fraguaron los sueños de gloria del torero que nos entusiasmó; aquí, en fin, está la Meca de la afición, porque aquí vive su ídolo".
Y la gente se extasiaba ante el bello rinconcillo de la espartería, como ante la grandeza de un monumento.
El infortunio segó en pleno triunfo, la vida del torero valiente, el 27 de Mayo de 1894; pero, por otra parte, quedaron en pie la casa de la Alfalfa y abiertas las puertas de la espartería, y al frente de ella el hermano del muerto, Don Bisté.
Y los partidario de Manuel García siguieron rindiendo culto a su memoria, dedicándole unas palabras de alabanza, al pasar por la casa donde vivió.
Manuel García "El Espartero".
Espartería y casa en que nació el famoso torero sevillano, Manuel García, "El Espartero"
Más también se acabó el cariñoso culto, porque la piqueta demoledora derribó la casa, destruyendo también con ella la poesía de un sentido recuerdo y de un entusiasmo popular.
El blanco y luminoso rinconcillo de casas con estructuras netamente sevillana, con sus balcones de puertas de cristales y cortinas, y sus graciosas azoteas de pretiles floridos, se tornaron en un caserón vulgar y obscuro, sin ningún rasgo que recuerde la típica arquitectura de Sevilla, ni ninguna evocación de aquel héroe de la torería.
Así iban acabando en la riente ciudad de la Giralda, muchos de los recuerdos que constituían la gracia y la poesía de su peregrino encanto. Y cada rincón que se pierde, es como una honda herida que se le abre en el corazón.


La Plaza de la Alfafa, en la actualidad. 

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lunes, 20 de abril de 2026

Fotos y postales antiguas de Los Molares (Sevilla).

 
Fotos y postales antiguas de Los Molares (Sevilla).
Esta antigua e histórica villa, según el doctor D. Jerónimo Pou, está situada entre el Coronil y Utrera, a 6 kilómetros de esta última, que es cabeza de su partido. Siempre fue una villa pequeña e insignificante por su caserío que destacaba por la blancura de sus casas en torno a la iglesia parroquial, y de la que los vecinos de los pueblos comarcanos cantaban para ofender a los molareños:
Montellano está en un llano,
El Coronil en un valle;
Molares, por su desgracia,
no tiene más que una calle.
"El término de los Molares es rico en restos romanos, pues en el Cerro del Casar fueron encontrados entre otros, el llamado "Baño de la Reina" y "La Piscina", que afloran a la superficie; y en sus cercanías camino del Coronil debió asentar la ciudad romana de Salpesa o Alpesa, según confirman los hallazgos de un soldado romano y un caballo de puro bronce, al hacer las excavaciones.
Según Don Santiago Montoto que dedicó a este tema varios y documentados escritos, dignos de su preclara pluma, en el siglo XIV, reinando Fernando IV "El Emplazado", el Molar era una heredad que el Monarca cedió a Lope Chico, como premio a sus servicios en la Reconquista, y del cual pasó a Don Lope Gutiérrez de Toledo, que construyó en él un castillo y un poblado, llamado Los Molares; castillo que fue, más bien una plaza fuerte para sus dueños, como los similares de Alcalá de Guadaira, Las Aguzaderas y Morón.
Las siguientes imágenes son todas de los años sesenta.
El Castillo, con sus edificaciones accesorias.
Otra perspectiva de la fachada principal.
De Lope Gutiérrez pasó a sus hijas Doña Leonor y Doña Inés, quienes lo vendieron, en 1430, a Don Diego de Ribera y su mujer Doña Beatriz Portocarrero, y en 1441, Juan II, confirma su propiedad y la de sus tierras a favor de Don Per Afán de Ribera, a quien el Rey Católico concedió el Condado de los Molares, en 1476.
Al unirse Don Pedro Enriques con Doña Catalina Ribera, se fundó un mayorazgo, y bajo el dominio de los Enriques de Ribera, el castillo se convirtió en cuartel general de los ejércitos andaluces, en su lucha contra el Rey moro de Granada.
Abolido los mayorazgos, un Duque de Medinaceli, vende el castillo y huerta de los Molares a Don Manuel Sánchez; poco años después lo adquiere el vecino de Utrera, Francisco González Pérez de Surga; y en 1886, es comprado por Don Enrique de la Cuadra y Gibaxa, primer Marqués de San Marcial, que lo restaura hasta darle la fisonomía actual."
Puerta principal del castillo.
Uno de los torreones del castillo.
Detalle de uno de los ángulos del castillo.
Resulta curioso destacar, que el célebre poeta Baltasar de Alcázar, nombrado alcalde de la villa y castillo, por el segundo Duque de Alcalá, escribiera durante su larga permanencia en aquél una serie de composiciones fruto de su vena lírica, entre los que sobresales la epístola que dedicó a la Duquesa, con motivo de una corrida de toros celebrada para festejar uno de sus alumbramientos, y las dos famosas redondillas -que según Menéndez y Pelayo ennoblece la taberna- y que juzgamos interesante transcribir, tomadas de Don Santiago Montoto:
"Si es o no invención moderna
Vive Dios que no lo sé;
Pero delicada es
La invención de la taberna
Porque allí llego sediento
Pido vino de lo nuevo,
Mídenlo, danmelo, bebo
Págolo y voime contento"
Detalle de una típica casa de la calle Real.
Sus famosas y renombradas ferias, creadas por Enrique IV, a instancias de Doña María González de Mendoza, Condesa de los Molares, e hijo de los marqueses de Santillana, mediante cédula Real en Salamanca del 30 de mayo de 1465, y a la que concurrían vinos del Algarbe portugués, caballos jerezanos y vacas de las marismas del Guadalquivir, adquirieron esplendor, particularmente por la seda y brocados morunos, infiltrados del vecino reino de Granada. (González Moreno)
¿Qué brocados me vendió
en la feria de Molares;
y qué ganados en Ronda
y en Sevilla qué solares?
Como la feria, que tenía una duración de todo el mes de Octubre, perjudicaba los intereses de otra celebrada anualmente en Jerez, por fechas similares, concedida por Alfonso X, y se entablara litigio, Doña María de Mendoza obtuvo de Don Alfonso, por entonces Rey, el reconocimiento de los privilegios concedidos a la de los Molares por su hermano Enrique, y que dio lugar nuevamente a sendas órdenes de los Reyes Católicos para zanjar la cuestión. En 1494, la hija de la Condesa, Doña Catalina de Ribera, obtiene igualmente fallo a su favor, del pleito entablado en la cancillería de Valladolid, contra el Concejo de Jerez.
Visión angular del ayuntamiento.
En 1553, el Marqués de Tarifa regala al concejo de la villa, las casas de la misma, para labrar tiendas con destino a la feria, y en 1572 se establece un concierto entre el Duque de Alcalá y los mercaderes de Córdoba, con el fin de favorecer económicamente a la feria de los Molares; a finales del XVI se nombra administrador de esta última a Don Cristóbal de Humanes; y en el XVII, se celebra aquella, en el mes de Septiembre, aunque con menor esplendor.
En el XVIII y XIX, continúa la feria como aldeana, y ya en el siglo pasado -como afirma Don Joaquín González Moreno- los Duques de Medinaceli ceden su castillo para albergue de ganado, como confirmación de que la feria aún continúa.
Avenida de Andalucía.
Fragmento de la calle José Antonio.
Fragmento de la calle Conde Halcón.
Torre de la iglesia de Santa Marta.
La iglesia de Santa Marta inicialmente fue mudéjar, del siglo XVI, pero fue reformada a finales del siglo XVIII, y de nuevo a mediados del XX se hizo una nueva reforma y se construyó la torre en 1942, costeada por los vecinos; lo que recuerda una lápida colocada en la torre de la misma, donde se dice: "El pueblo de los Molares como demostración a su digno y católico Alcalde D. Manuel Pérez Moreno, que con celo infatigable colaboró para la erección de esta torre, cuya primera piedra se colocó el día 14 de Mayo de 1942, fiesta de la Ascención y cuya bendición e inauguración se verificó el día 28 de Julio de 1943, víspera de Nuestra Patrona, Santa Marta.
En su altar mayor se veneraba una talla de Santa Marta del siglo XVII y otra talla del mismo siglo de Santa Clara.
Esta, y las siguiente imágenes del Castillo, son de 1916.

Fuentes: Bibliografía y archivo particular. Protegido por derechos de autor.

Habitualmente suelo poner al final de cada publicación, imágenes actuales para que sirvan de comparativas con las antiguas, pero, como me es imposible por falta de tiempo el visitar tantos pueblos, en esta ocasión, me he decidido a rescatar de mi archivo particular algunas fotografías de los años 1978 y 1985,  que espero sean de su agrado.
Procesión de Santa Marta, del 29 de Julio de 1978. 
La actual imagen que van a ver a continuación de la Patrona del pueblo, es debida a la gubia de Antonio Illanes, y fue adquirida por suscripción popular en el año 1941, ya que la anterior fue destruida por las hordas marxistas durante los sucesos de 1936.
Al carecer en esas fechas de Hermandad, se celebraba el Triduo y la Función principal, el día de la Patrona a cargo del Ayuntamiento.

Procesión de Santa Marta, el 29 de Julio de 1985.



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