lunes, 30 de septiembre de 2019

Antigua "Clínica de San José", en Sevilla.

Antigua "Clínica de San José", en Sevilla.
El Decano de la Facultad de Medicina y Cirugía, de Sevilla, presidente de la Real Academia de Medicina y catedrático de Obstetricia y Ginecología de la Escuela Provincial de Medicina de Sevilla, don Enrique Tello  y García, tuvo a bien instalar a principios de 1921, una moderna clínica para partos y enfermedades de la mujer, en la calle Conde de Cifuentes (Prado de San Sebastián, 1), justo al lado del antiguo y desaparecido "Teatro Portela".
Don Enrique Tello y García.
La clínica se hallaba montada en un amplio edificio, de suntuosa traza arquitectónica, con admirables perspectivas debido a su estratégica situación, acondicionado a toda higiene y capaz de satisfacer los deseos y comodidades del espíritu más exigente de la época.
El hermoso edificio donde estaba instalada la Clínica de San José.
La clínica que estaba engalanada con gran lujo y confort, disponía de amplios dormitorios con balcones, donde no faltaba el más pequeño detalle; comedor, sala de lectura y de reuniones, cuartos de baño, quirófano, gabinete de rayos X; aparatos de Diatermia, Radium, Luz Ultravioleta, además de Laboratorio Histoquímico, Bacteriológico, y, en general cuanto hacía de un establecimiento de esta índole, modelo de perfección y riqueza.
En el centro, el director; de derecha a izquierda, D. Isidoro Tello,  los doctores D. Antonio Tello y D. Lucas Bermudo y personal de la clínica.
Contaba además, la Clínica de San José, con un bien montado servicio de cocina, un delicioso jardín y una preciosa y artística capilla, estando el régimen interior de la casa a cargo de las Hermanas de San Vicente de Paúl.
Entrada del Hall. 
Detalle de una habitación.
Gabinete de Radioterapia y Radiumterapia.
Quirófano.
A principios del siglo XX, Sevilla estaba muy necesitada de establecimientos como este que acabamos de ver; pero, en las dos primeras décadas de dicho siglo, hubo una generación de hombres de talento y valientes emprendedores, como éste doctor Tello, y el doctor Murga, del que también ya les he hablado, además de otros que en breve les contaré, que dotaron a Sevilla en cuanto a clínicas y centros terapéuticos en medicina, a la cabeza del país.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Sevilla.

El Patio de los Naranjos, de la Catedral de Sevilla.
Con este sugestivo nombre se conoce, al de la Catedral hispalense,  un inmenso patio enmarcado por una de las fachadas de la Basílica, la enorme nave del Sagrario rematada por encaje de piedra; las que constituyeron la antigua mezquita con sus vetustas almenas y su gran puerta árabe de arcos con preciosas yeserías y puerta monumental chapada de bronce, y por el claustro de la Granada o del Lagarto, sobre cuya techumbre se sustentas las estancias que atesoran las ricas y nunca bien ponderada Biblioteca Colombina.
El Patio de los Naranjos a la sombra de la Giralda y de la Catedral.
El analista Ortiz de Zúñiga dice que se le denomina del Lagarto, porque en el año 1260 recibió el Rey Don Alfonso X una embajada del Soldan de Egipto para pedir la mano de Doña Berenguela, hija mayor del Monarca castellano, para aquel príncipe, cuyos mensajeros le ofrecieron muy ricos presentes de paños, joyas, drogas y raros animales, uno de los cuales era un enorme cocodrilo, que, una vez muerto, fue disecado y puesto a la puerta del Templo, en memoria de aquella embajada. Consumido por el tiempo lo reemplazaron por otro de madera -que es el que existe actualmente-, para que no se perdiese el recuerdo.
Claustro de la Granada o del Lagarto (A la izquierda, la Capilla de la Virgen de la Granada, y al fondo puerta de entrada a la Catedral
Por su parte, Rodrigo Caro lo explica de este modo: "Corral de los Naranjos por que los hay en él, de muchos siglos atrás, con algunas palmas y cipreses. Tiene trescientos treinta pies de largo, y ciento treinta y cuatro de través; corre por debaxo de él una gran bóbeda, de doze pies de ancho y quinze en alto, y ésta era correspondencia a las bóbedas que la antigua Mezquita tuvo". Ahora solo está plantado de naranjos de relucientes hojas. Cuando florecen en la primavera se visten sus ramas de blanquísimos pomos de azahar, cuyo perfume embriaga como un licor. Luego los frutos parecen de fuego, como si sobre las verdes y pomposas ramas, se hubiese hecho el milagro de un nuevo Pentecostés.
La fuente mauritana y la puerta árabe del Perdón, vista desde el Patio de los Naranjos.
En medio de este peregrino rincón sevillano, que vigila la Giralda día y noche, se luce una anchurosa fuente mauritana, trayendo a nuestra memoria recuerdos del Templo Visigodo y de la Mezquita.
La vieja piedra, con pátina de siglos, está como ungida por la eterna oración que dice el agua, dulce y fresca, fluidora de su corazón, y que en sus tazas copia el azul purísimo de los cielos, con claridades de topacio.
La fuente mauritana y la Puerta de la Concepción.
"Puerta del Perdón", una de las más bellas que se conservan en Sevilla de la arquitectura árabe, vista desde el exterior del patio.
La Puerta del Perdón, vista desde el interior.
Frontera a la puerta árabe del Perdón que sirve de acceso al Patio, por la parte de las Gradas que mentó Cervantes, y en donde hacía su tráfico, en otro tiempo, los mercaderes.
La puerta a la Basílica, designada por el nombre de la Concepción, hermosísima obra gótica que ha poco tiempo fue rematada. De entre todas las de la Catedral, acaso sea ésta la más ornamental y bella. Contemplarla nuestros ojos abismados, y nuestra alma se llena de las más admirativas y profunda emociones, ante su grandeza.
El fino labrado de su piedra, nos induce a creer que sea de encaje, más que tejido por manos de hombres, por invisibles manos de serafines.
El Patio de los Naranjos.
En uno de los pilares del claustro de la Granada, está adosado un tosco púlpito de piedra, que es como una reliquia.
Desde él predicaron las excelencias de la fe en Cristo, varones tan llenos de la gracia de Dios, como San Vicente Ferrer y San Francisco de Borja, y beatos como Fernando de Contreras, Juan de Ávila y Fray Diego José de Cádiz.
Fue labrado a principios del siglo XVI, y desde entonces cada año, en el Domingo de Doctrina, se agrupaban a su alrededor, la gente fervorosa, entre la que se encontraban los niños y los ancianos asilados, para sentir sus corazones conmovidos por la palabra de algún ministro del Señor.
Púlpito de San Vicente Ferrer, del siglo XVI
El tradicional sermón de Doctrina celebrado el Domingo de Pasión, de 1917 desde el púlpito de San Vicente Ferrer, en el patio de los Naranjos. En esta interesante fotografía se ven perfectamente las casas que había adosadas a la muralla Norte del citado patio, y que fueron demolidas en la década de los veinte.
Sermón de la Doctrina desde un púlpito provisional ya que el Patio de los Naranjos se encontraba en obra, a finales de los años veinte. La procesión de la Doctrina se celebraba en el citado Patio, antes de la Semana Santa. En la foto se aprecian los niños y niñas sentados en el suelo a pies del púlpito.
Es entonces el Patio de los Naranjos como un templo florido, que tiene por bóveda la inmensa bóveda del cielo, y por luminares los reflejos esplendorosos del sol que ciegan y confortan.
Y ¿Que podrá decirse de este patio a la luz blanca y misteriosa de la luna?, La ingente torre de la Giralda que desde él escala las azuladas alturas, es así como un gigantesco fantasma, guardián de los más incomparables tesoros; y los naranjos, como trozos de las sombras de la noche deshechos entre las inefables claridades que bajan a esclarecer este lugar, tan propicio para el goce de las más puras y gloriosas emociones.
¡Oh, este bendito y maravilloso Patio de los Naranjos! ¡Oh, esta peregrina arca guardadora de los más ricos tesoros de la poesía y de la inspiración!. Magnífica mansión para reino de místicos y poetas.

El Patio de los Naranjos, en la actualidad:
Si hace clic sobre las imágenes, las puede ver ampliadas.