Pabellón de Canarias, en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, de 1929.
He aquí reproducida la airosa traza del Pabellón de las Islas Canarias, en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.
Igual que le sucedió a otros pabellones regionales, y debido también al escaso crédito para la obra, este de la Islas Canaria no se concluyó hasta la segunda época del Certamen.
El resultado final fue un bellísimo Pabellón que reproduce el modelo de una casa típica isleña, que lleva en sí la estructura de las antiguas edificaciones de la región, con altos y airosos miradores, y en su primera planta una traza severa, con largos balconajes ricamente tallados con sus celosías y postigos, siendo el pórtico y las esquinas de negra cantería volcánica.
Este pabellón situado junto al "Barrio Moro" y frente a los pabellones de las provincias andaluzas, destaca en él el estilo español de la época colonial, con reminiscencias morunas, ya que la historia brillante de Canarias está enlazada al Descubrimiento, a la conquista y colonización de la América.
Por lo que Canarias quiso recordar con orgullo que está forzosamente en el camino obligado, en la ruta natural de América, y que en el puerto de Las Isletas, de Gran Canaria, se detuvieron en el año 1492 las naos celebérrimas del almirante para que a la "Pinta" se la dotara de un nuevo timón, precisamente hecho con madera del país.
La Familia Real, visitando en Pabellón de Canarias.
Trabajaron con ahínco y entusiasmo generoso, para que este Pabellón isleño se viera concluso, el presidente de la Mancomunidad de Tenerife, don Fernando Salazar, y los artistas indígenas Francisco Bonnin, Pedro Guezala y Alfredo de Torres Edwards que se encargaron de decorar suntuosamente los interiores del Pabellón, así como de instalar los productos de exhibición que habían de figurar en este Pabellón Canario; y entre los que eran dignos de admirar una gran vidriera alegórica, original de Guezala; varios tapices con hechos históricos de las islas, por Torres Edwards; algunas acuarelas de Bonnin con motivos de paisajes bellísimos del archipiélago canario, y, una gran pintura mural del artista Pepe Hurtado de Mendoza, quien dirigió la decoración de Las Palmas.
Postal de 1929, del mismo pabellón.
También se expusieron sutiles calados de hilo, preciosas labores de la mujer isleña que producían saneados ingresos tanto en Tenerife como en Gran Canaria; encajes de alfileres de Lanzarote, de fama universal y bordados y ricos tejidos de la Palma, y una sala dedicada a exhibir las infinitas variedades del afamado vino de Tenerife.
El Museo Antropológico de Las Palmas, estuvo representado por medio de objetos rudimentarios de la raza aborigen, de la que se conservan aparte de mucha momias, pinturas, armas y cerámica de gran valor arqueológico. Y, por último hubo otras salas consagradas a la exhibición de las selecta elaboración del tabaco de la Palma, a los enlatados de conservas de pescado y de dulces de Gomera; y al tomate y el plátano, que gozaban ya de envidiable reputación en los mercados del extranjero. Por lo que Canarias se presentó en la Exposición haciendo honor a su Historia y a su riqueza en todos sus aspectos.
Fuentes: Bibliografía y archivo particular.
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