viernes, 10 de agosto de 2018

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Consolación. Cazalla de la Sierra (Sevilla)


Iglesia de Nuestra Señora de Consolación.
Cazalla de la Sierra (Sevilla)
De notorio interés arquitectónico cuyo núcleo primitivo lo constituyó una iglesia mudéjar, probablemente de tres naves. Un lienzo de muralla que corre en sesgo frente a la portada presenta notorias muestras de la construcción anterior a la etapa de la reconquista de la ciudad.
La aparición de restos de yeserías en uno de los paños del ochavo, inducen a clasificar a este edificio como obra de las primera mitad del siglo XIV. Manteniendo el mismo ábside y conservando también los tramos finales de la iglesia mudejárica, se construyeron en el siglo XVI tres naves de un bellísimo templo que adopta en planta forma rectangular. La época en que las obras tuvieron comienzo la indica una lápida colocada en uno de sus muros exteriores, que dice así: En el año de Nuestro / Salvador Jesús/ Christo de M D y X / XX VIII años se comenzó esta / Iglesia nueva. 
En el siglo XVIII una desdichada reconstrucción desfiguró notoriamente los tramos finales de la antigua iglesia mudéjar, que el Renacimiento había respetado, cubriendo los tramos por bóvedas de cañón con lunetos.
El edificio sufrió saqueo total en el año 1936, no habiendo padecido fundamentalmente su conjunto arquitectónico; y como consecuencia de estos sucesos revolucionarios se perdieron o fueron destrozados innumerables obras, de las que les pongo algunos ejemplos.
Interior después del saqueo.
Interior después del saqueo.
Bóvedas.
Retablo mayor (destruido).
Sobresaliente retablo de la arquitectura hispalense del Bajo Renacimiento. De su historia conocemos documentalmente que el 9 de Febrero de 1592, el maestro Juan de Oviedo y de la Bandera, como principal obligado, su suegro Diego de Vera, su tío el escultor Miguel Adán y Jerónimo Sánchez, pintor, como fiadores, quedaban obligados a construir dicho retablo con escenas de la vida de Nuestra Señora, con arreglo a unas condiciones que refiere la correspondiente escritura notarial. De esta se deduce que acompañaba en las tareas al referido Juan de Oviedo, su padre y homónimo, de tan interesante personalidad artística. Colaborador muy destacado en esta obra fue su oficial Artús Jordán, quien en 1597 había recibido cantidad a cuenta, según poder, que para ello le otorgara su maestro el año anterior.
La prosecución de la obra la vamos conociendo a través de la carta de pago y otro testimonio notarial, otorgados en 1594 y 1600. En 22 de Noviembre de 1607, al otorgar el referido maestro Oviedo y de la Bandera carta de pago por valor de 4000 reales, en cuenta de los 700 ducados que importaba la obra, declaraba que la tenía terminada.
Respecto a la pintura, dorado, estofado y encarnado, se han otorgado testimonios fehacientes desde 1598 a 1620. Por ello se conoce la intervención en dicha obra de los maestros pintores Francisco Cid, Diego de Campos, Vasco Pereira, Antonio Pérez, Miguel de Esquivel y Lucas de Esquivel.
Relieve de la Asunción, procedente del retablo mayor (destrozado en la forma que se aprecia).
Relieve de la Anunciación, procedente del retablo mayor (destrozado en la forma que se aprecia).
Fragmento del relieve de la Adoración de los Reyes (destrozado en la forma que se aprecia).
Fragmento del relieve de la Adoración de los Pastores (destrozado en la forma que se aprecia).
Estatuas de la Virgen y San Juan Evangelista procedentes del retablo mayor (destrozados en la forma que se aprecia)
Estatuas de dos Apóstoles, procedentes del retablo mayor (destrozados en la forma que se aprecia).
Santa Ana, la Virgen y el Niño (destrozadas).
Relieve de la Adoración de Pastores (fragmento).
Retablo lateral antes de su destrucción.
Nave del Evangelio.
Los objetos artísticos que a continuación les detallo fueron completamente destrozados; perdiéndose las imagenes que a continuación les voy a referir:
Del San Bruno solo se conservan la cabeza, con alguna pequeña mutilación;
Retablo de mediados del siglo XVIII dedicado al Príncipe de los Apóstoles que tenía por titular al Sagrado Corazón de Jesús; imágenes de San Pedro y San Expedito; retablo dedicado al Patriarca San José, con una imagen de San Sebastián, de hacia 1500, y Retablo del siglo XVIII conteniendo un lienzo con la historia de las Ánimas del Pulgatorio;
San Bruno (destruido)
Cabeza de San Bruno (único resto de la citada escultura)
San Sebastián (destruido).

Nave de la Epístola.
Retablo de la misma época que contenía las imagenes de Santa Ana y la Virgen y el Niño, en bellísima composición, de hacia el último cuarto del siglo XVI y una imagen de la Virgen de la Correa. Otro retablos dedicado a Jesús Cautivo; un Jesús Crucificado, con el título de las Aguas, una Virgen de la Esperanza y un Ecce-Homo. Todo, destruído.
Virgen con el Niño (destruida).
Orfebrería y Ornamentos.
Esta parroquia poseía una riquísima colección de objetos de orfebrería de los que se vio despojada casi en su totalidad. A continuación van a ver  algunos ejemplos:
Copón antes de ser destrozado.
Copón con planta octogonal, de plata dorada repujada y cincelada, del siglo XVI, después de ser destrozado.
Viril (destruido).
Viril de plata dorada, repujada y cincelada del último cuarto del siglo XVI; los bellísimos relieves de los Evangelistas que llevaba en la manzana y los delicados adornos del pie eran de gran importancia, este ejemplar fue destruido totalmente, así como otros dos de menor valor, del siglo XVII. 
Y otro viril, el mayor de todos, del siglo XVIII del que solo se ha podido salvar el relicario de oro y brillantes.
Cáliz (destruido).
Cáliz de plata dorada repujada y cincelada con adornos góticos en el pie y en la manzana, de principios del siglo XVI; procedente de la antigua Cartuja.
Incensario ( destrozado).
De este interesantísimo incensario de plata del siglo XV, solo se conserva la parte superior.
Paño con un Calvario (destruido).
Paño de rosa granate, bordado en oro y sedas, probablemente de fines del XVI; y un nutrido vestuario como casullas, paños de seda carmesí, etc. todo desapareció por efecto del fuego.

martes, 31 de julio de 2018

Don Miguel Mañara y Don Juan Tenorio.

Tradiciones y leyendas sevillanas. (I)
Don Miguel Mañara y Don Juan Tenorio.
A pesar de que los trabajos realizados por concienzudos críticos y sabios investigadores, han dado luz suficiente para poderse afirmar que el caballero Don Miguel Mañara no fue aquel pendenciero burlador de Sevilla, que ha dado tanto de hablar con sus liviandades y devaneos, la fantasía popular ve en el venerable varón el prototipo del calavera Don Juan Tenorio.
Y a forjado alrededor de la simpática figura, no una, sino varias leyendas inspiradas en amoríos, locuras y muerte.
Calle de la Gloria, antes del Ataúd, a que se refiere la leyenda.
Una de las más interesante, es la que dio nombre a la estrecha calle, del barrio de Santa Cruz, que se titula de la Gloria, y que se llamó antes del Ataúd por el suceso que urdió la leyenda.
Se cuenta, que durante la noche el joven y enamorado D. Miguel, había enturbado su juicio con derroche de vino y de lujuria en lupanares y mancebías de la Laguna, en los aledaños del Arenal  sevillano, y que malgastando la salud, y las horas, había ido, de tasca en tasca, hasta dar con el callejón, que va desde la Plaza de doña Elvira, hasta la de los Venerables.
Comenzaron a despuntar las claras del día, cuando don Miguel se encontraba en tan recóndito lugar, entre la soledad más triste y desamparada. Y súbitamente el silencio, que no había sido antes turbado sino por las campanas del Convento de las Teresas, fue lo que en aquellas horas por unos cantos funerarios que llenaban al fuerte ánimo, de pavor, y que honda impresión produjeron en el espíritu del libertino joven aquellos tristes rezos, y movido por la mayor curiosidad, fue con inseguros pasos hacia el sitio por donde se acercaban.
Entonces, una nueva impresión vino a aumentar los sentimientos, de temor y de miedo, que ya iban embargando su ánimo, ya que hacia él, llegaba una procesión de frailes y de encapuchados, que traían hachones encendidos, precediendo a otros fúnebres personajes, portadores de un ataúd.
Don Miguel Mañara, atolondrado y aturdido, se acercó a una pared de la estrecha calle, para darle paso, y en medio de su estupor y aturdimiento, preguntó que quién era el difunto, y quienes lo llevaban, abrieron entonces el ataúd, viendo el joven burlador, lleno del mayor asombro y de los más profundos temores, que él mismo era el muerto, a quien llevaban a enterrar.
Iglesia y hospital de la Santa Caridad, de Sevilla.
Desde aquel instante -dice la leyenda- el bravo y pendenciero galán sevillano, comenzó a arrepentirse de su vida azarosa, inaugurando la vida de humildad y de virtudes que enaltecen  y glorifican su memoria.
Una de sus obras más santas y perdurable, fue la fundación del Hospital de la Santa Caridad, en parte de las Atarazanas del Rey y muy cerca de la famosa Torre del Oro. En él, eran recogidos los pobres viandantes sin pan y sin albergue, y los enfermos contagiosos, y los hermanos también, daban cristiana sepultura a los ahogados y a los ajusticiados.
Patio del hospital de la Santa Caridad.
Más no solo se preocupó el insigne D. Miguel de dotar al Hospital de la Santa Caridad, de cuanto le fuera necesario para el misericordioso servicio, sino que enriqueció a su iglesia con las mejores galas del arte.
Y luego -según la leyenda-, plantó por sus propias manos ocho rosales en macetas, que decoran el más recóndito y alegre patio del Hospital, siembra hecha en recuerdo de otros tantos pecados de amor.
Se añade, que a pesar del tiempo pasado, ninguno ha perecido ni dejado de florecer, cuando la estación maravillosa de la primavera, y que para regarlos todas las noches bajan ángeles hasta ellos, regándolos como un benéfico rocío.
Los rosales de la leyenda de Mañara.
Prodigiosa imaginación la de este pueblo sevillano, que todo lo embellece de poesía.
Casa-palacio de la calle de los Levíes, donde nació y vivió el famoso caballero D. Miguel de Mañara.