domingo, 20 de septiembre de 2020

Monumento a Velázquez, en Sevilla


Monumento a Diego Velázquez, en Sevilla. 
Casa natal de Velázquez, en Sevilla.
Su estancia en Sevilla.
Diego Rodríguez de Silva Velázquez nace en el año 1599, en el número 8 de la antigua y poco transitada calle de la Gorgoja, situada entre las calles Morería y Vinatería, de Sevilla, una época en que la capital andaluza, centro de las comunicaciones con las Indias, era la ciudad más importante de España, pero de la que poco a poco, conforme avanzaba el siglo XVII, se irá apoderando cierto pesimismo, con la amargura del esplendor que va pasando.
Era el hijo primogénito del matrimonio formado por Juan Rodríguez de Silva, de origen portugués, y de Jerónima Velázquez, vecinos de la collación de San Pedro, parroquia en la que Velázquez habría de recibir las aguas bautismales el 6 de Junio de 1599.
Su formación artística comienza a la muy temprana edad de diez años en el taller de Francisco de Herrera el Viejo, artista de temperamento áspero e incluso violento con el que apenas estaría algunos meses, ya que de inmediato, el 1 de Diciembre de 1610, pasa a ser aprendiz de Francisco Pacheco, quien se compromete a darle cama, comida y bebida, así como vestidos "nuevos"; Velázquez se traslada a la casa de su maestro, abandonando probablemente para siempre la de sus padres.
Allá por los años 1615/1616 Velázquez se aparta de los rígidos preceptos de Francisco Pacheco consignados en sus escritos, en los que el dibujo es el fundamento del cuadro, para iniciar un arte más vivo, observando la realidad y copiando incansablemente los modelos con sus movimientos y expresiones. Esta rebeldía frente a los dictados y recetas de su maestro no ocasiona un enfrentamiento abierto entre ellos, al contrario, Pacheco, probablemente a regañadientes, dejas hacer a su dotadísimo discípulo, convencido del brillante porvenir que le espera.
El 14 de Marzo de 1617 Diego Velázquez se convierte en "oficial de imaginería", por lo que comienza la vida profesional del pintor sevillano. Un año después, el 23 de Abril de 1618, contrae matrimonio con la hija de su maestro, Juana Miranda Pacheco. El artista no ha alcanzado aún los diecinueve años y la novia los dieciséis, y no tardará mucho hasta que la pareja vea nacer a sus dos hijas: Francisca (1619) e Ignacia (1620).
Una vez alcanzada la maestría, Velázquez comienza a pintar sus primeros cuadros, plasmando estampas de la vida cotidiana, fragmentos pictóricos que nos permiten reconstruir el día a día de Sevilla en la primera mitad del siglo XVII.
Cuando se cumple el año 1621, Diego Velázquez arrienda un local, acepta aprendices y tiene cierta reputación en la capital hispalense, a pesar de la amenaza que supone la presencia en la ciudad de pintores jóvenes y de enorme talento como el granadino Alonso Cano. Hasta que en Abril de 1622, con el pretexto de estudiar  El Escorial marcha a Madrid, permaneciendo allí hasta finales de ese mismo año que decide regresar a Sevilla. Por poco tiempo vive en su ciudad natal, ya que al año siguiente, con el apoyo de su suegro, el aval de sus obras sevillanas y credenciales de notables locales, el conde-duque de Olivares, solicita su presencia en la Corte, hasta donde Diego Velázquez se desplazaría en Agosto de 1623. Y así comienza una prometedora y brillante carrera artística al amparo del valido de Felipe IV.
Monumento a Velázquez, en la Plaza del Duque de la Victoria.
En 1889 el ayuntamiento de Sevilla decide levantar un monumento al insigne pintor sevillano Diego Velázquez, y por unanimidad se decide  encargarle dicha obra al prestigioso escultor local, tan ligado a la cultura sevillana de la segunda mitad del siglo XIX, don Antonio Susillo, quien ese mismo año había terminado el monumento a Daoiz, de la Plaza de la Gavidia.
La nueva escultura de Susillo fue modelada basándose  en el autorretrato del pintor que aparece en el cuadro de  Las Meninas y fue fundida en bronce en los Talleres de Ojeda de nuestra ciudad.  Se levantó este monumento al "Pintor de la Verdad" en la Plaza del Duque de la Victoria (tradicionalmente del Duque de Medina Sidonia), en 1892, sobre pedestal neoclásico, de sillares de piedra blanca,  que fue trazado por el arquitecto municipal don Juan Talavera de la Vega. En su lugar había antes una antigua fuente.
Postal 1911. Plaza del Duque de la Victoria, hoy en día, urbanísticamente aniquilada. A la Izquierda el Palacio de Medina-Sidonia y al fondo a la derecha, el teatro del Duque. Salvo la estatua de Velázquez, todo se ha perdido. Sobre este "atentado urbanístico", más adelante publicaré una entrada.

El monumento, en la actualidad.

(Si haces clic sobre las imágenes las puedes ver ampliadas)

jueves, 10 de septiembre de 2020

Mercado de la Encarnación, de Sevilla.

El Mercado de la Encarnación, de Sevilla.
Todo se hizo conforme con lo dispuesto por el fundador, siendo la primera abadesa y cofundadora la noble dama nacida en esta ciudad, Doña Beatriz de Vallejo, religiosa que era antes del Convento de Santa María de las Dueñas y parienta muy cercana de D. Francisco Vallejo, caballero que hacia poco tiempo estaba avecindado en esta ciudad y que, por ser íntimo amigo del fundador D. Juan de la Barrera, fue nombrado por éste su único albacea encargado de cumplir sus disposiciones testamentarias.
El convento, si bien no muy espacioso, por impedirlo las casas que lo rodeaban, estaba labrado con mucho gusto arquitectónico y poseía una gran iglesia enriquecida con multitud de labores debidas a los mejores artífices de aquella época.
Con fecha 10 de Junio de 1810, se trasladaron las religiosas al extinguido convento de padres terceros, permaneciendo en él hasta el día 25 de Diciembre de 1819, y en este mismo año se dio principio al derribo de toda aquella manzana de casas, que un año después había de convertirse en la primera plaza de abastos de Sevilla.
Derribada en el año 1819 la manzana de casas que formaba este convento con los edificios adosado a su alrededor, al año siguiente se construyó una plaza de abastos semejante a la que posteriormente se hizo en 1837, con la diferencia de ser de madera, trasladando desde luego a ella todas las especies que se vendían en los mercados parciales diseminados por las cercanías de la Encarnación.
Con este motivo, de la Plaza del Pan desparecieron las panaderías instaladas en dicho sitio; de la Alfafa, las carnicerías y verduras; de la del Salvador las frutas verdes y secas; del Peladero Alto y Bajo, hoy calles Corona y Ensaladeras, las aves, de la Caza y Caza chica, en la hoy Luchana, la venta de la caza menor, y de otros puntos, porción de artículos que pasaron a expenderse en el nuevo mercado.
Interesantísima fotografía que nos muestra en la parte derecha, la fachada Sur del mercado de la Encarnación, construido en 1837, y en la parte izquierda la embocadura de la calle Puente y Pellón, separadas ambas por unos diez o quince metros.
La plaza primitiva de madera duró hasta el 13 de Mayo de 1833, que se empezó a deshacer, labrando una hermosa y cómoda que existió como tal hasta 1948, terminada la anteriormente mencionada en el año 1837, si bien algunos historiadores aseguran que se concluyó en el de 1833, ateniéndose para corroborar su dicho en una inscripción con letras de bronce que, situada en la puerta central de la fachada de poniente dice: "Plaza de abastos, año 1833". Esta fecha recuerda solo la terminación de la portada que ostentaba dicha inscripción.
El mismo mercado allá por los años veinte.
El mercado de la Encarnación estaba situado casi en el centro geométrico de la ciudad, en medio de la embocadura de varias importantes vías, como son la de Regina, por su parte Norte, las de Compañía y Puente y Pellón, por el Sur; y la de Aranjuez, Imagen y Coliseo, por la fachada de Levante.
Fue construida por los arquitectos D. Melchor Cano y Don Salustiano Ardanaz, siendo Asistente de Sevilla el inolvidable Arjona, a quien tantas reformas y mejoras debe Sevilla; pertenecía una parte al ayuntamiento y otra a varios particulares, entre los que figura en primer término el acaudalado propietario de esta ciudad, Sr. Marañón; y su planta formaba un rectángulo cuyo lado mayor medía 189,35 mts., y el menor 53,50 mts., y en dimensiones arrojaba una superficie de 8551, 92 metros cuadrados.
Otra perspectiva del mercado tomada el mismo día que la fotografía anterior.
Tenía tres puertas de entrada en la fachada de levante, nominadas Ceres, Oriente y Apolo; otras tres en la de poniente, llamadas Neptuno, Poniente y Flora; una que mira al Norte, llamada así, y otra que da vista al Sur, rotulada con este mismo nombre.
Comerciantes del mercado, posando para el fotógrafo.
El interior se encontraba hábilmente distribuido en tres espaciosas travesías rotuladas Norte, Central y Sur, cortadas en el sentido de la longitud del mercado por una amplia calle nominada Central.
El punto medio de esta plaza estaba ocupado por una rotonda que contenía en su centro una gran fuente de mármol, surtida de aguas procedentes del acueducto de Carmona, cuya fuente es la misma que en el año 1720 se construyó y colocó en la plazoleta situada frente a la derruida iglesia del convento de la Encarnación. Esta fuente, en el año 1860, disfrutaba de dos pajas y media de agua.
Fuente central del mercado de la Encarnación en 1920.  Situada desde 1948 en los nuevos jardines de la plaza.
La fuente, en la actualidad.
En el año 1948 fue derribada la parte Sur del edificio para hacer la nueva Plaza ajardinada de la Encarnación, según proyecto de Sáez y Ularqui. 
En los años de escasez que se vivieron al terminar la guerra civil, hizo furor la venta de carne fresca de ballena, en la imagen vemos colas de mujeres en los puestos del mercado de la Encarnación, en el mes de Febrero de 1951, para adquirir dicha carne.
Letrero donde se anunciaba el producto en las estanterias de los puestos y el precio del kilo.
En Junio de 1950 ya se habían suprimido las cartilla de racionamiento, y dos años más tarde, en 1952, se decretó la libertad de precio y comercio de productos alimenticios.
Tal como lo hemos visto, este mercado por su amplitud fue lugar de encuentro de muchos sevillanos, y estuvo activo hasta 1973 que dio comienzo la demolición del mismo, pasando sus industriales a unas instalaciones provisionales donde se les prometió que en un plazo inferior a cinco años tendrían un nuevo mercado.
Esa promesa de un nuevo mercado, se tardó en cumplir 37 años, convirtiéndose dicho solar  situado en la zona urbana más emblemática del centro de la ciudad, en un aparcamiento provisional impresentable, símbolo del fracaso urbano de todos los ayuntamientos de  esa época y una vergüenza para la ciudad.
Y no fue hasta el año 2004 cuando se convocó un concurso internacional de ideas, que lo ganó el arquitecto alemán Jürgen Mayer con el proyecto Metropol Parasol, también conocido como "Las Setas". Y por fin, en la planta baja del mismo, casi cuarenta años después, se construyó el moderno y actual Mercado de la Encarnación, del cual, a continuación les pongo algunas imágenes actuales.

Fuentes: Parte del texto tomado del libro "Curiosidades Sevillanas" de Alfonso Álvarez-Benavides, edición y prólogo de Alberto Ribelot. El resto, incluido fotografías, todo de mi archivo particular.

El Mercado de la Encarnación, en la actualidad. 

Si haces clic sobre las imágenes, las puedes ver ampliadas.