lunes, 31 de marzo de 2025

Vicente Mamerto Cajasús y Espinosa. Sevillanos Ilustres. XII.

D. Vicente Mamerto Cajasús y Espinosa.
(Sevillano Ilustre XII)
Retrato de Vicente Mamerto Cajasús y Espinosa.
Albúmina de 1859, de Julio Beauchy, e iluminada por M.A. Yánez Polo.
Nacido en Sevilla el 11 de Mayo de 1802 en la Casa del Azogue, su padre, D. Vicente Cajasús de Clos, era un alto funcionario de Hacienda de origen aragonés, y su madre, María Josefa Espinosa Aguilar, hija de un industrial de Dos Hermanas. Casó con Francisca Molíns e Ysern en 1840 en la iglesia de la Magdalena. Su importancia radicó en haber sido doble introductor en la ciudad de las nuevas ramas del arte, dándolas a conocer en la Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País: la litografía (1838) y el daguerrotipo (1840).
Hombre culto, inteligente, sufrió los envites de la política y murió sin hijos y olvidado de todos en 1864. Un año más tarde fallecería su esposa, durante la epidemia del cólera. Sus restos descansan hoy día en la fosa común como premio de la ciudad a sus aportaciones (¡!).
Álbum Sevillano, de Vicente Mamerto.
Este Álbum Sevillano, que así le denominó su autor, consta de trece láminas realizadas por él sobre dibujos de reconocidos pintores del momento. La primera fotografía corresponde a la portada, donde puede verse, junto al título de la obra, una selección de cargos que en relación con la cultura llegó a poseer el inquieto pionero. El Álbum en sí constituye una verdadera joya histórica que hay que entender dentro del ambiente prefotográfico del momento y en donde jugarían papel, igualmente las proyecciones de la Linterna Mágica y las representaciones del Diorama. Dos años más tarde de darse a conocer las primeras litografías hispalenses, Cajasús introducirá -por añadidura- la fotografía en la ciudad.
Portada del Álbum Sevillano, de 1838.
Introducción de D. Vicente M. Cajasús. que hace en su álbum, y donde se dice lo siguiente:
En el prospecto de esta obra he manifestado que trataba de dar a conocer por su medio los edificios notables que encierra la ciudad de Sevilla, y los trajes propios de sus naturales.
Pocas ciudades a la verdad merecen tanto como esta llamar la atención sobre uno y otro punto: porque si consideramos el primero, apenas se hallará otra cuyas vistas excite más poderosos recuerdos de las naciones que sucesivamente han dominado en nuestro suelo; y si el segundo, quienes ofrezcan más originalidad, realzada por el ingenio, desembarazo y franqueza de sus habitantes. La arquitectura romana, la arábiga, la gótica, la de la restauración, la moderna, que por diversas partes han dejado claro vestigios de sus respectivos carácter, parecen haber acumulado en este recinto memorias de toda especie en obras, ya grandiosas, ya elegantes: asunto no menos propio para el recreo de los ojos, que para la meditación del entendimiento. Más como si interesan los monumentos del arte, tal vez con mayor motivo deben estudiarse los hábitos y costumbres del pueblo que los conserva, me he propuesto reunir a los objetos artísticos los ejemplares de costumbre, ayudando así con ambas cosas a las investigaciones del sabio, al entretenimiento de los aficionados y a la diversión de las damas. Comienzo, pues, mi empresa, y sin cuidar del orden cronológico, que privaría a la obra de la variedad que debe tener, ni hacer otra cualquiera clasificación que entorpecería la publicación de los cuadernos, presentaré indistintamente cuanto juzgue digno de ofrecer a los suscriptores.
Entrada al Salón de Embajadores del Alcázar.
Se desconoce si como dibujo era copia de algún grabado previo.
¿Quiere usted que lo moje?.
Litografía a partir de un dibujo de Antonio María Esquivel.
Torre de Don Fadrique.
Sobre un dibujo que le hiciera su amigo Cabral Bejarano.
Puerta de la Carne.
Litografía sobre dibujo de Joaquín Dominguez Bécquer.
Torre árabe de la Catedral.
Vista de la Giralda tomada desde la calle Placentines, sobre otra previa de A. Daurat.
Mujer con saya y mantilla.
Sobre un dibujo de Joaquín Domínguez Bécquer, perteneciente a la serie del costumbrismo sevillano.
Plaza de San Andrés con vista al Postigo del Aceite.
Litografía sobre un dibujo y litografía de su amigo Blanchard.
Una carta de recomendación.
Litografía de Cajasús a partir de un dibujo satírico de Blanchard.
Puerta del Perdón.
Como ocasionalmente hacía, en este caso relitografiará de nuevo la obra del dibujante y litógrafo francés P. Blanchard.


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jueves, 20 de marzo de 2025

Monumento de Fernando VII, en Sevilla.

Monumento a Fernando VII, en Sevilla. 
Fernando VII.
La fecha más memorable en la historia de Fernando VII, es la de 31 de Diciembre de 1832.
Interesante como la más dramática novela es, la relación de la formidable lucha entablada en el Palacio Real desde Septiembre hasta Diciembre de aquel año entre el partido carlista, en aquellos momentos nacido, y la reina doña María Cristina. En el recinto del palacio de San Ildefonso se desenvolvieron las más infames asechanzas y las intrigas más arteras para lograr que el rey, moribundo, llegase a abolir la Pragmática sanción, como lo hizo el 17 de Septiembre, declarando, por consiguiente, heredero de la corona a su hermano D. Carlos. Se creía éste ya rey, gozaban en su triunfo los apóstoles del sangriento oscurantismo, se ahogaban en aquella atmósfera los sentimientos de piedad y dulzura de la Reina; caía de nuevo la nación en las negruras y horrores del despotismo...
Por fortuna, Dios quiso que el moribundo Rey recobrase la vida y la razón, que se hiciese cargo rápidamente de los bienes que para él y para la nación representaban las ideas de su esposa y el restablecimiento de los derechos de sus hijas, y entonces, con la clarividencia propia de quien ha visto la muerte a su lado y la siente aún en torno suyo, volvió Fernando sobre su acuerdo, y el último día de aquel año memorable reunió en su cámara al Arzobispo de Toledo, ministros, consejeros de Estado, de Indias y de Castilla, Grandes de España y títulos del Reino, diputados de las provincias exentas y otros personajes, y ante todos ellos mandó leer una declaración solemne: la de que al derogar tres meses antes en San Ildefonso la Pragmática sanción, destruyendo las leyes fundamentales de la Monarquía, había obrado sin conciencia y movido "por la turbación y la congoja".
En esta declaración se encuentra la clave de toda la azarosa historia de España en el siglo XIX. Para realizar aquella milagrosa transformación en el ánimo de Fernando VII bastó una cosa que todo lo puede: el amor de una mujer buena y de unas criaturas inocentes.
Restablecimiento de la pragmática sanción.
De autor anónimo, la estatua de Fernando VII se fundió en Madrid en 1830-1832. Muerto el rey, recorrerá un periplo intenso que demostraba que le quemaba al pueblo su sola visión. Durante el exilio a Francia de la reina María Cristina, pasó por el palacio de Malmaison, situado a siete millas y media de París, hasta que en el año 1861, por la venta de este palacio por Napoleón III, la reina envía la estatua a la residencia de su hija María Luisa Fernanda, en el Palacio de San Telmo. de Sevilla, donde a hurtadillas, se desencajonó para colocarla  en sus jardines, sobre un pedestal con el escudo de España que mandó hacer la Infanta
Monumento a Fernando VII, en el Palacio de San Telmo.
Fotografía de Robertt Peteers Napper. 1864.
En 1868 pasó a los jardines de San Diego, hasta que la Infanta dona esos terrenos a la ciudad, y, en 1870 es trasladada la misma a la Glorieta de la Alameda Grande, donde permaneció hasta la entrada de la Segunda República que fue retirada y llevada la estatua, al antiguo Museo arqueológico, sito en el convento de Santa Clara, y donde permanece desde entonces adormilada y mutilada, a la sombra de la Torre de Don Fadrique. 
¡Nadie la ha querido. Nadie la quiere.! 
Estatua de Fernando VII en el parque Mª. Luisa.
Foto: Alejandro Guichot y Sierra.


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