Exposición Marítima de 1887, en Cádiz.
A mediados de Diciembre de 1886, reunidas en los salones de la Diputación provincial de Cádiz las personas más notables de la ciudad, el Sr. Presidente de la misma, D. Cayetano de Toro y Quartiellers expuso la idea, aceptada de antemano por los Sres diputados, de convocar un certamen naval marítimo; y aunque tal medida fue acogida con entusiasmo, y sucesivamente se aprobaron el reglamento, los planos y el presupuesto general, y aún fueron colocadas las primeras piedra del edificio principal, pasó bien pronto el periodo de entusiasmo, y lo que en un principio se consideró como proyecto magnífico y hacedero, fue calificado luego de imposible y aún de delirio.
Pero el digno Presidente de la Diputación sostuvo el proyecto con energía y vehemente amor a Cádiz, y a pesar de la lucha de sus adversarios de cerrarle todas la puertas, con armas del peor género, el pueblo pudo observar que se proseguían las obras y en ella se ganaba su subsistencia una multitud de trabajadores, tiempo en que Cádiz agonizaba por falta de industrias, de comercio y de numerarios.
Y ya, en 1887, lo que hacía pocos meses había sido el olvidado arenal batido por las olas, gracias al trabajo y la inteligencia del señor presidente de la Diputación, se convirtió en un centro bellísimo de la Industria y de las artes.
Para ello fue preciso hacer una explanación importantísima con un movimiento de tierras que no bajó de treinta a cuarenta mil metros cúbicos. Al nivelar estos terrenos se encontraron preciosos restos arqueológicos de los cuales se ocupó la prensa y la Academia de la Historia, reconociendo origen egipcio a las joyas descubiertas; y allí celebró Cádiz este certamen de carácter internacional, con asistencia de buques de guerra y numerosos representantes de naciones extranjeras.
También se expusieron en este certamen, los más avanzados instrumentos de navegación y equipos náuticos de la época; calderas y maquinarias, proyectos de varaderos y diques, así como todo tipo de armamento y cañones, etc.; además también se ofrecía por personal cualificado para ello, ayudas y fomento para la creación de nuevas industrias navales.
Café-restaurante de estilo andaluz, a la entrada de la Exposición.
Esta vista exterior del Café-Restaurante, fue uno de los más vistosos anexos del concurso, y estaba situado sobre la rebajada eminencia de Punta de la Vaca, y cuyos arcos, redondas torrecillas y cúpulas chinescas presentaba un conjunto de agradable visualidad.
Interior del pabellón para las recepciones.
Este pabellón destinado a las recepciones, a los festejos, y a los actos oficiales, tenía unas dimensiones de 83 metros de longitud por 15 de latitud; y estaba situado entre las Plazas de Cádiz y de la Marina. Tenía dos puertas laterales que correspondían a rotondas con cúpulas, y de cada una de éstas partían cuatro bóvedas en cañón. Su interior era de buen gusto y belleza.
Pabellón de la Compañía Transatlántica.
Este pabellón construido y decorado por el arquitecto, D. J. Manuel Cabezas, medía 50 metros de longitud por 14 de anchura. Su estilo arquitectónico pertenecía al árabe español del segundo periodo, elegante y florido; el salón central, cuyo frente se levantaba en la Plaza de Cádiz, estaba coronado por una torrecilla con esbelta cúpula de 16 metros de altura. En sus dos pabellones adosados al central, destacaban su marmóreas escalinatas del interior que desembocaban en una galería ceñida por bellas balaustradas; su cubierta estaba formada por tejas planas de vivo color encarnado, y la de la torrecilla o minarete de escamas de barro con esmalte de variados colores.
Interior de la instalación marroquí.
Todos los objetos expuesto en esta instalación situada en la plaza de la Marina, fueron traídos de Tánger a expensas de los Sres. Torres y Riera. Había en ella ricos tapices, bordados antiguos, ropas de alto precio recamada de oro y seda de colores, preciosas lámparas y cincelados pebeteros, pero sobre todo llamaban la atención del público dos sables de honor y una magnífica silla de terciopelo y oro, objetos iguales a los que el Emperador de Marruecos solía regalar a los embajadores extranjeros.
Fachada del pabellón central, Plaza de Cádiz y fuente en cuyo centro se alza una estatua con los atributos del Arte, la Industria y el Comercio.
Vista general exterior del día de la inauguración del concurso.
El Faro de carbón.
Entre los siete grandes pabellones que formaban la Exposición, sobresalía un faro o torre mandado a construir por la Compañía Transatlántica, y hecha de carbón piedra con armazón de madera y escalera interior que permitía subir a la gran lucerna de cristales de colores, iluminada en su interior con potentes focos eléctricos y coronada con un para-rayos. A su luminoso faro de bronce y cristal podía subirse, dominando a unos ocho metros de altura, todos los edificios de la Exposición.
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