sábado, 18 de febrero de 2017

La Inclusa de Sevilla.


Instituto de Maternología y Puericultura
(La Inclusa de Sevilla)
En la Inclusa de Sevilla, verdadero modelo de esta clase de establecimiento; si eran un matrimonio con ocio y sin ventura, con dinero, y suspiraban por un niño, éste era el sitio ideal.
Niños limpios, sanos, que daba gloria de verlos y de oírlos llorar un ratito. En 1932 disponían de ciento noventa y ocho criaturas, las mayores de las cuales no pasan de siete años, porque solo hasta esa edad podían permanecer en la Casa Cuna.
La República quitó el infame anonimato del torno, donde se depositaba un crío y echaba uno a correr. A partir de entonces el niño había de ser entregado por alguien. Los niños de la Inclusa de Sevilla, a diferencia de otros establecimientos, nunca estaban tristes, no tenían porque estarlo, puesto que eran criados y atendidos constantemente, en su totalidad, por sus propias madres.
La casa Cuna, del arquitecto Antonio Gómez Millán.
A la Inclusa de Sevilla se le llamaba así, por un arrastre de tradición verdaderamente fuera de lugar para este establecimiento, ya que la Inclusa de Sevilla no era tal Inclusa, y sí un soberbio, saludable y bien montado Instituto de Maternología y Puericultura, que contaba con un personal femenino que cuidaba de los acogidos (aparte el cuadro de médicos especialistas), y estaba compuesto por ochenta y seis mujeres, y quince Hermanas de la Caridad, pertenecientes a la Orden de San Vicente de Paúl, con su título de enfermeras, obtenidos en los exámenes oficiales de Carabanchel unas, y otras en Sevilla; veintidós eran niñeras, y cuarenta y nueve amas.
Coro general de lloros, de risas y de besos, a los que los incluseros de Sevilla estaban muy acostumbrados, pues la mayoría de ellos se pasaban el día en  brazos de sus propias madres.
De las amas y aún de las niñeras, con excepción de unas pocas, todas eran madres que tenían a sus hijitos en este Instituto. Así, pues, el acogido, en la generalidad de los casos, pasaba la vida en los brazos de su mamaita; ella le daba teta, ella se inclinaba sobre la cuna a la menor alarma por la salud de su rorro, y el internado de hijo y madre transcurría apacible y feliz.
Nueve mocosillos a la espera de unos padres, sin hijos.
A las madres lactantes no solo les rodeaba la limpieza y tranquilidad para ellas y para sus pequeños, sino que poseían una serie de garantías de puericultura envidiables, en ese aspecto, hasta para el hogar más pudiente, donde alguna vez la desidia podía ser la alcahueta de enfermedades que truncaban la vida alegre de los chiquillos.
Desde sus columpios los chiquitines nos "comen" con los ojos.
Sus hijos y ellas eran vigilados por los médicos del establecimiento. La ciencia dedicaba en esta casa todos los días el tiempo preciso para no dejar de la mano asunto tan importante como era mantener madres nutritivas, y ciudadanitos gorditos y fuertes.
Los que no tenían madre, eran los hermanitos de leche de los que la tienen. Cuando con arreglo a la prescripción médica, una madre lactante que amamantaba a su hijo tenía leche suficiente para dos bebés, se le asignaba otros niño de los de "sin madre", y ella criaba al suyo y al otro. Esta doble crianza que, desde luego era voluntaria, era también retribuida. No hace falta torturarse mucho la imaginación para convencer a ustedes, que cuando, en estas condiciones, una madre cría a su hijo y al ajeno, acaba sintiéndose madre de ambos.
El presidente de la Diputación, el diputado visitador, Sr. López Macías, y la Superiora de la Casa Cuna.
Antes, muy antes, en el año 1612, que se fundó la Casa-Cuna de Sevilla, no le costaba dinero al Estado. según un libro gordo y descomunal con letreros de colores en su portada, que es el Protocolo de la Casa Cuna, donde se explica su misión (que ayuda a comprender la pintura de una de sus hojas "figurando" una cama con tres cabezas de niños asomados por el embozo) y se registran las mandas que los ricos de la noble, heroica e invicta ciudad le dejaban.
En los años treinta seguía siendo invictos, peor no daban para niños ni un botón. La otra primera mitad está escrita a mano, con letras de rabitos y mayúsculas iluminadas. Algún capellán paciente debió echar sobre sí esta tarea de pasar en algo el tiempo. No sabemos si al ver el autor pendolista del libro, que las mandas se agotaban, se dijo: "¿para que vamos a seguir escribiendo?".
Este que veis aquí es el descomunal libro del "Protocolos de la Casa-Cuna" de Sevilla, escrito a mano allá por el año 1612 en pergamino, y donde se registran escrupulosamente los reglamentos, así como las mandas y toda clase de bienes que por entonces la Casa-Cuna poseía.
Ciento noventa niños diferenciados del resto feliz, eran más que bastante para lamentarlo. Pero nada era esta cifra si se comparaba con el contingente usual de otros años, afortunadamente lejanos. Fueron  frecuentes los años de setecientos, quinientos incluseros. Se ve, pues, que se iba sentando la cabeza. Cierto que nunca se llegó a la sobriedad del año 1613, en que solo ingresaron sesenta niños.
Sin embargo, volvamos a consolarnos pensando en el año de "gracia" de 1855, que se depositó en la Inclusa de Sevilla mil ciento veinticuatro niños.
- - * - -
Si os apetece y no tenéis mucho que hacer, me gustaría que vieseis una de mis primeras entradas de este blog -con errores propio de un novato en esta lides-, pero como siempre, escrito con el corazón. Se trata de  la Inclusa de Madrid, donde la mayoría de los niños morían al poco tiempo de ingresar.
Por favor si deseas verlo, haz clic a continuación:

60 comentarios:

  1. Había oído hablar de la Inclusa y casa cuna y siempre me la imaginaba como un lugar oscuro y tétrico.
    Hoy has cambiado mi percepción de ese lugar.
    Besos

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  2. He leído la entrada que citas y me ha parecido estremecedora e impresionante. Muy lamentable.

    Buenísimos datos los que aportas. Afortunadamente, parece que las cosas han cambiado a mejor. Los niños se merecen todo lo bueno y ser felices.

    Como siempre, un excelente trabajo el que compartes. Un placer visitarte.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias, Amalia.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Pues muy grato ese cuidado para los niños en la Casa Cuna de Sevilla, nada que ver con el documento que expusiste en tu entrada de Madrid.
    Al final los niños son los que siempre pagan los errores de los mayores en cualquiera de sus categorías, y por desgracia esto ha sido y seguirá siendo, porque parece que las cosas no cambian mucho.
    Un estupendo reportaje el que nos ofreces Manuel, y como siempre un placer.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, amiga.
      Un fuerte abrazo.

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  4. Un lugar al que puedo ver que se trataban bien a los niños, me alegro de ello, pues fueron años que muchas mujeres tuvieron que abandonarlos ya que la sociedad no admitía a una mujer tener un hijo de soltera.
    Que tengas un buen domingo.

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  5. Amigo manuel, muy interesante tu crónica. Aprendemos muchísimos datos con tu persona. Los tiempos cambian para bien.
    Un saludo cordial.
    Goriot.

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  6. Qué maravilla. Una auténtico ejemplo. Me ha parecido rarísimo que fueran las propias madres quienes cuidaban de sus hijos. Qué bien.
    Besos, Manuel.

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  7. He leído tu anterior entrada y me ha producido escalofríos, nada comparable con la que nos has traído hoy. Los niños no sólo tiene derecho a ser bien alimentados y vestidos también es necesario que se les trate con cariño, que se les de amor si queremos que lleguen a ser hombres psicológicamente estables.
    Una entrada en la que nos aportas muchos datos desconocidos, al menos para mi. Muy interesante Manuel.
    Un abrazo

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  8. Por una vez veo uno de estos lugares, como un servicio de la sociedad, para hacer la vida más fácil y grata, no como un sitio tétrico donde hacer expiar los pecados a unos inocentes.
    Un abrazo y buena semana.

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  9. Um excelente trabalho com fotografias muito interessantes.
    Um abraço e boa semana.
    Andarilhar || Dedais de Francisco e Idalisa || Livros-Autografados

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  10. ¡Hola Manuel! Siempre oí hablar de la Inclusa de Sevilla, sobretodo por boca de mi madre. Creía que era sólo para niños huérfanos o abandonados, pero he leído que también los había con sus madres con los cuidaban allí. Me ha resultado muy interesante este reportaje. Gracias por compartir tus conocimientos.
    ¡Cuídate! ¡Te mando un cordial saludo!

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  11. Niños que no tienen culpa de los errores de sus mayores
    Brindarles amor es de almas nobles
    Cariños y buena semana

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    1. Gracias, Abu.
      Besos, y buen fin de semana.

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  12. Que a gusto se han debido de sentir los niños en ese hogar, en el que seguro los recibían con tanto amor maternal :D beswos Manuel y mil gracias por compartir :*

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  13. Manuel, es una entrada muy hermosa y emotiva. Ver a esos niño tan indefenso a la espera que alguien los de un poquito de atención, y cariño.
    Gracias amigo!Un grande abrazo.

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  14. Hola Manuel. Que maravilloso trabajo. La foto de los guajes en los columpios es muy curiosa, están con carita de susto. Un fuerte abrazo.

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  15. Me resulta incomprensible que murieran, tantos niños en esa inclusa de Madrid. Desde luego, el contraste con la de Sevilla parece notorio.
    Recuerdo los incluseros de hace sesenta años, cuando las monjas los llevaban al paseo, todos de mandilón, cabeza rapada al dos y de entre cuatro y seis años.
    Buena información Manuel.
    Salu2.

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  16. Qué gran historia la de la Inclusa de Sevilla, con todos sus vaivenes en que situaciones políticas pulverizaron su apoyo al anonimato y las elocuentes fotos.Como siempre Manuel, la considero un gran aporte a mi cultura.






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  17. Las cifras que aportas en la Inclusa de Madrid es aterradora, aunque claro también estamos hablando de hace muchos años. En cambio en la de Sevilla, perece ser que la historia era diferente. Por cierto lo de "Inclusa" creo que es una palabra que desapareció hace años. Pero efectivamente así se les llamaba en todos lados a las Casas de Cuna. La de Valencia también. Excelente como siempre te felicito.

    Abrazo Manuel.

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  18. No puedo entender como se morían en Madrid todos los niños que ingresaban en esa beneficencia, mal está que tuvieran que meter a dos niños en cada cuna, pero no creo que eso fuese el desencadenante de su muerte, más bien pienso en la poca higiene y el agua de los biberones que, a buen seguro, no hervían.
    En fin, como ejemplo de labor bien hecha es la de esa casa de Maternidad y Puericultura que nos muestras de Sevilla, todo un ejemplo a seguir y a mí me merece un gran respeto.
    Permitir que las madres amamanten a sus propios hijos, es algo digno de elogio.
    A todas esas personas que han contribuído a la crianza de esos niños, mis sinceras felicitaciones, aunque ya sea un poco tarde para recibirlas, pero su entrega y dedicación han dejado una profunda huella al salvar tantas vidas.
    En cuanto a ese potaje... ¿te ha sobrado un poco? tengo que decirte que me encanta ¡lástima estemos tan lejos!
    De todas formas, gracias por la intención, te quedo muy agradecida.
    Cariños.
    kasioles

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    1. Muchas gracias, amiga.
      Un fuerte abrazo.

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  19. Buen relato Manuel sobre ese centro sevillano. Veo que alguno de los niños era cuidado por sus madres nos dices, estos quizás no estarían destinados a la adopción.

    Saludos.

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    1. En Sevilla los que no tenían madre si, pero si llegaste a leer la entrada de Madrid, de tantos niños fallecidos tengo mis dudas, si no se comerciaba con ellos, como es público y notorio que ha sucedido en otros centros. Me extraña tal cantidad de niños muertos.
      Un abrazo.

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  20. Parece un ejemplo modélico, comparada con la de Madrid. ¿Siguió siendo así durante la Guerra Civil? Los traumas de la niñez, son la sombra que nos persigue toda la vida. Magnífica entrada, Manuel. Ah, el 9 de marzo habrá otra cita con la poesía, lo anunciaré en mi blog. Un fuerte abrazo.

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  21. Hay que darle facilidades a la mujer que por distintas circunstnacias no pueden atender ni tienen poder económico para criar a estos niños...ellos no tienen culpa de nada y deben de tener los cuidados y el cariño que requiere.

    Besos

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  22. Parece ejemplo de institución la inclusa sevillana. Y más se se la compara con la de Madrid, con tanta pérdida.
    Un saludo.

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  23. Digno de elogio este centro de Sevilla Manuel, es admirable un lugar donde las madres puedan estar con sus hijos y a la vez pueda amamantar a algún bebe que no tiene a su mamá. He pasado a leer el de la inclusa de Madrid y me ha conmovido e indignado la situación por la que en aquellos años pasaron los niños y el alto nivel de fallecimientos, las fotos demuestran la cara y la cruz de las desigualdades sociales.

    Un abrazo amigo.

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  24. Hola Manuel.No sabia que las madres que dejaban a sus hijos en una institución benéfica los pudieran amamantar ellas,y al mismo tiempo criar a otro niño huérfano.
    Los nueve niños que están a la espera de ser adoptados se les ve muy gorditos y bien cuidados.
    La inclusa de sevilla es todo un ejemplo de humanidad.
    Lo incomprensible es el abandono de estos pobres niños
    de la inclusa de Madrid.Que desesperadas debían estar las pobres mujeres para verse en la necesidad de llevar a sus hijitos a tal sitio.Es indignante saber que en una institución destinada a cuidar y salvar a los niños,se consienta tanta dejadez y falta de amor.Es de esperar y desear que en la actualidad sea todo muy diferente.
    Un saludo cordial

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    1. Hola, Carmen, es que esas madres que ayudaban a la vez que colaboraban con el centro, eran personas muy pobres, y no tenía ni para cubrir las necesidades más básicas.
      Gracias por tu generoso comentario.
      Un abrazo.

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  25. Muy muy muy interesante Manuel! qué tiempos.
    Un fuerte abrazo :)

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  26. Mais um post incrível, com uma riqueza informativa extraordinária...
    Sempre um prazer imenso, aprender tanto, com cada um dos seus posts, Manuel!
    Um grande abraço!
    Ana

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  27. Menos mal, Manuel, que leí este post antes de adentrarme por un momento en el horror de la Inclusa madrileña.

    Esto es un ejemplo de que una misma idea se puede hacer bien o como el culo, y perdona la expresión, pero la Inclusa de Sevilla me reconcilia con las Instituciones, tan faltas a veces de empatía, sentido común y amor.

    Lo que me temo es que era una hermosa excepción en la época.

    He conocido muy de cerca los orfanatos de los años 50-60 y
    nada que ver con lo que aquí cuentas, y ya no hablemos de los colegios del Auxilio Social, algún pariente cercano los sufrió, los niños pasaban hambre y eran tratados como tropa de la más baja condición.

    Un hermoso y muy bien documentado e ilustrado reportaje, Manuel, gracias por mostrarlo.

    Un beso,

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  28. Qué maravilla de trato y cariño!
    Me encanta acercarme a tu espacio y conocer y saber de tantas cosas que con tanta precisión y coherencia expones.

    Me acerqué a la entrada de la Inclusa madrileña.
    Si a mí me dolió, no puedo ni imaginar lo que pasaron esas criaturas.

    Un abrazo Manuel, y si, eres un encanto.

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